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jueves, 27 de septiembre de 2007

JUGANDO AL """ACTORS STUDIO""" CON... ¡MAFER MALO!


Continúa el revelador "juego". Queda con ustedes la adorable, talentosa, pero sobre todo valiente Fuzz...

¿Cuál es tu palabra favorita?

Magia.

¿Qué palabra detestas?
Frustración.


¿Qué te excita creativa, espiritual o emocionalmente?
La música.

¿Qué te desanima?
La traición.

¿Cuál es tu grosería favorita?
¡Ja! Todas tienen su encanto dependiendo del momento... pero yo creo que me quedo con "chinga tu madre".


¿Qué sonido o ruido adoras?
El sonido de la lluvia cuando cae.

¿Qué sonido o ruido detestas?
El de los coches andando.

¿Qué otra profesión te hubiera gustado tener de no haber sido actriz?
Filósofa.


¿Qué profesión de plano no te hubiera gustado tener?
Cualquiera que tuviera que ver con números, escritorios y horarios fijos...

Si el paraíso existe, ¿qué te gustaría que te dijera Dios al llegar a las puertas celestiales?
¡Hey! ¡Bienvenida!... Te presento a tus compañeros para la eternidad... Jimi, Janis, John, Jim, Kurt, el profesor Tolkien... ¡ja, ja, ja, ja!

martes, 18 de septiembre de 2007

JUGANDO AL """ACTORS STUDIO""" CON... ¡VERÓNICA LANGER!

Sin más preámbulos, continúa el revelador "juego" que iniciamos la semana pasada... Con ustedes: Verónica Langer.


¿Cuál es tu palabra favorita?
Juntos.

¿Qué palabra no te gusta?
Traición.

¿Qué te excita creativa, espiritual o emocionalmente?
Un nuevo proyecto.

¿Qué te desanima?
La rutina.


¿Cuál es tu grosería favorita?
¡Chinga tu madre! O en argentino: ¡Andate a la concha de la lora!

¿Qué sonido o ruido adoras?
El de una cajita de música.

¿Qué sonido o ruido detestas?
Las sirenas de la policía.

¿Qué otra profesión te hubiera gustado tener de no haber sido actriz?
Bibliotecaria.


¿Qué profesión de plano no te hubiera gustado tener?
Contadora.

Si el paraíso existe, ¿qué te gustaría que te dijera Dios al llegar a las puertas celestiales?
Bienvenida.

jueves, 13 de septiembre de 2007

JUGANDO AL """ACTORS STUDIO""" CON... ¡MAGALI BOYSSELLE!


Con tal de lucir más fotos de las talentosas y bellísimas actrices que desfilan por los fotogramas de Hasta el viento tiene miedo, le hemos propuesto al reparto que nos conteste el cuestionario de diez preguntas diseñado por el afamado conductor francés Bernard Pivot, para el programa Bouillon de Culture. Cuestionario que ha vuelto a cobrar fama porque James Lipton se los hace a todos sus invitados al final de ese extraordinario programa titulado Desde el Actors Studio. Son preguntas muy sencillas que, no obstante, revelan mucho sobre los pensamientos, sentimientos, emociones y creencias de una persona.

Nuestra primera "conejilla de indias" fue Magali Boysselle y esperamos que las demás actrices se animen pronto a seguir el "juego". Así que, sin más preámbulos, dejamos aquí las reveladoras respuestas de nuestra querida Silvia.


¿Cuál es tu palabra favorita?
Te amo.

¿Qué palabra no te gusta?
Adiós.

¿Qué te excita creativa, espiritual o emocionalmente?
La noche.

¿Qué te desanima?
La estupidez, la duda.


¿Cuál es tu grosería favorita?
¡Hijo de tu puta madre! Ja, ja, ja...

¿Qué sonido o ruido adoras?
El del teléfono cuando espero una llamada... y SÍ es.

¿Qué sonido o ruido detestas?
El del teléfono cuando espero una llamada... y NO es.


¿Qué profesión te hubiera gustado tener de no haber sido actriz?
Psicóloga.

¿Qué profesión de plano no te hubiera gustado tener?
Cualquiera que me obligue a estar detrás de un escritorio.

Si el paraíso existe, ¿qué te gustaría que te dijera Dios al llegar a las puertas celestiales?
¡Bienvenida! ¡Te estábamos esperando! ¿Un tequilita? ¿Un vodkita? ¿Una botanita? Pásale, ahí está la alberca... Estás en tu casa, pide lo quieras, corre por nuestra cuenta...

viernes, 7 de septiembre de 2007

EN BUSCA DE JOSEFINA (SEGUNDA PARTE)


Por Danny Perea

En la biografía del personaje resalté con marcador todas las cosas que me parecían claves; es decir, que Josefina tenía que reflejar constantemente. Una de las cosas que más me preocupaba era el lenguaje corporal que iba a manejar. Me obsesioné durante mucho tiempo con la manera en la que quería que Josefina hablara; estaba convencida de que alguien así no podía hablar de manera “normal” o fluida. Tenía que reflejar un pánico constante al emitir cualquier movimiento, al emitir cualquier palabra; después de todo, Josefina cree que todo cuanto toca lo destruye.

También pensé que sería nefasto convertirla en una clásica tartamuda: “yo yo yo, que que que quiero, un un un…” Tenía mucho miedo de caer en un cliché gigantesco, pero también sabía que resultaría poco creíble si la hacía hablar de manera normal. Tuve que decidir entre la posibilidad de arriesgarme o no hacerlo… Decidí arriesgarme.

Llegó un momento en que sabía que ya no podía seguir intelectualizando al personaje pues esto sólo terminaría por ir en contra mía. Me dije entonces: “ya tienes algunos elementos, ve por tu cámara de video, conviértete en Josefina y grábalo en este instante, después lo ves y empiezas a destrozarte, pero por lo menos ya caminaste un paso más”.

Me senté, acomodé la cámara, puse el guión delante de mí y para convertirme en Josefina hice algo que me ha ayudado en todas mis demás actuaciones. Ese algo tiene su base en un juego que hacía conmigo misma cuando tenía como ocho o nueve años. En ese “juego” solía mirar a un punto fijo hasta que se me nublara la vista, repitiéndome: "tú eres Daniela, no eres nadie más… Eres Daniela, naciste el 1 de abril, tienes el pelo negro, la voz ronca, tú no eres ni tu papá, ni tu mamá, ni tu hermano… eres Daniela…"

Sé que suena por demás pacheco, pero al hacer esto era como si todo lo que fuera “yo” me golpeara de manera tan clara que, al terminar el juego, cuando mi vista ya no estaba nublada, era como si caminara mucho más cerca de mi identidad, algo así como sentirme mucho más Daniela.


Aunque sé que lo anterior ameritaría poner de fondo la canción de Los Beatles Lucy in the Sky with Diamonds, eso es exactamente lo que hago al actuar, pero convenciéndome de ser el personaje en cuestión.

Hice lo mismo esa noche en la que me confronté con mi cámara de video; le puse REC y empecé a actuar. Al terminar lo vi y aunque dudé de muchas cosas -pues cuando critico mi trabajo pareciera que me baso en la “duda metódica” de Descartes- no me pareció un desastre tan apocalíptico como había imaginado que sería. De cualquier modo, sabía definitivamente que necesitaba una opinión mucho más objetiva que la mía; necesitaba la opinión de mi director y también necesitaba que me dijera si estas propuestas le funcionaban para su película o si estaba loca y que empezara todo de nuevo.

Afortunadamente, cuando lo volví a ver hablamos acerca de todo lo que había investigado y todo lo que había pensado acerca de Josefina; él aceptó mis propuestas y estaba de acuerdo en lo que había construido acerca del personaje. Me dio una libertad que asumí como confianza, la cual le agradeceré siempre y de manera profunda.

Las últimas semanas antes de filmar fueron un infierno; yo estaba muy angustiada y agotada mentalmente. Finalmente, llegó el momento de filmar la película. Las primeras dos semanas fueron muy difíciles para mí, lloraba durante el viaje de regreso a casa diciéndole a mi mamá (la cual siempre me acompaña en mi trabajo pues la necesito, es mi brazo derecho y mi amuleto) que sentía que lo estaba haciendo muy mal, que no me gustaba. Ella me tranquilizaba tratándome de convencer de lo contrario.

Conforme fueron pasando las semanas, me iba sintiendo más cómoda, pues siempre he creído que un personaje sólo lo puedes ir hormando con el tiempo.

Filmar siempre será más complicado que como lo habías pensado o ensayado; en el caso de Josefina fue algo muy paradójico lo que me pasó pues detrás de cámaras el ambiente era tan lindo con todas las actrices que empezaba a entrar en un estado emocional de levedad y relajación nada conveniente para interpretar a Josefina. Así que una media hora antes me “golpeaba emocionalmente”. Sí, de pronto, en medio de una linda convivencia con Magali, Fuzz, Liz, Martha, Mónica, Verónica Langer, Valeria y la adoradísima Verónica Falcón, decía: “bueno, tengo que ir a madrearme emocionalmente antes de entrar a escena”.


Y me iba a las mesas del catering para ponerme los audífonos de mi discman para escuchar la música de la película La mirada de Ulises, pues el escuchar este extraordinario soundtrack me ayudaba a contactar con una sensación de devastación y soledad. Era como maquillarme antes de salir a escena, sólo que para mí no había mejor herramienta de trabajo para reflejar la desolación y una tristeza profunda que una buena sesión en contacto con las emociones que requería el personaje.

Recuerdo que cuando lo hacía en las mesas instaladas para el catering me daba pena hacerlo delante de la gente que lo manejaba; siempre creí que se me quedaban viendo con cara de “esta chava, tiene problemas”.

Imagínenme en medio de una mesa enorme, mirando fijo y a un paso de romper en llanto. Ellos no sabían que lo que me repetía en la cabeza constantemente era: "tú eres Josefina, no vales nada, no eres nada, eres sólo una mierda que no tiene razón de existir, eres lastimada porque mereces serlo, eres un asco de ser humano, eres un remedo de ser humano…"

Esta era la misma retahíla que me repetía minutos antes de empezar a filmar acompañada siempre de la música de La mirada de Ulises, minutos antes de que el adoradísimo Edher (asistente de dirección) me dijera: “¡Danny, al set!”. Y si tenía la oportunidad, hasta los últimos segundos antes de estar ya en el set y que Gustavo Moheno gritara “¡Acción!

¡Acción!” Ese era el llamado para que Josefina, simplemente, hiciera eclosión en mí…

jueves, 6 de septiembre de 2007

EN BUSCA DE JOSEFINA (PRIMERA PARTE)


Fue hace tres años. Transcurría la fiesta de inauguración del Segundo Festival Internacional de Cine de Morelia cuando me topé accidentalmente con el rostro más interesante de la noche: una jovencita de piel muy blanca y largo cabello negro que parecía escudriñar a todos los presentes con una de las miradas más penetrantes y al mismo tiempo hermosas que yo había visto en mi vida... una de esas personas que destilan humanidad, gracia e inteligencia. Soy un mirón confeso, así que me paré a observarla. Segundos después, la chica sintió mi mirada -seguro que ella de ésto ya no se acuerda-, me clavó como dardos sus ojos oscuros y yo tuve que hacerme el disimulado y avanzar un tanto apenado hacia otro rincón del recinto donde se llevaba a cabo el evento... Dos días más tarde -era domingo- descubrí en la oscuridad de un cine que se trataba de la protagonista de esa delicia de película llamada Temporada de patos.

La pantalla me reveló no sólo a una gran actriz, sino también a una notable presencia cinematográfica (no toda actriz puede jactarse de ser una "presencia"; después de todo, ese "ingrediente" es lo que hace a las grandes estrellas fílmicas), algo que yo ya había presentido, o mejor dicho constatado, la noche de la fiesta.

Pasaron dos años y mientras preparaba el rodaje inminente de Hasta el viento tiene miedo, supe que quería trabajar con esta actriz que tanto me había llamado la atención, amén de que sólo había escuchado maravillas en torno a su profesionalismo y pasión por el medio.

Al conocerla bien por primera vez, sin miradas furtivas de por medio, comprobé que todos esos rumores eran ciertos. Y es que Danny Perea sólo tiene 21 años, pero es un portento; lo digo sin exagerar, con total honestidad y profunda admiración hacia su trabajo. Estoy muy orgulloso de haberla captado en celuloide durante lo que a mí y a muchos de los que trabajamos en esta película, nos pareció un momento importante de su vida; o sea, en "estado de gracia", luciendo como una presencia fascinante y desarrollando un "performance" que, ya se lo dije a ella en alguna ocasión, fue el regalo más abrumador que pudo haberle hecho a esta película, la película de todos.

Así que en las siguientes líneas, Danny les contará sobre el proceso que la llevó a crear lo que me gusta llamar "el eterno resplandor de la esquizofrénica Josefina", y sobre cómo todo empezó con una sesión de casting que, la neta, yo sólo le hice porque era un requisito y había que guardar las apariencias ya que la realidad es que la quería en la película costase lo que costase.

En efecto, querida Danny. Como Renée Zellweger le dice a Tom Cruise en la mejor escena de Jerry Maguire: "You had me at 'hello'".

Gustavo Moheno



En busca de Josefina (primera parte)

Por Danny Perea


No recuerdo en qué mes exactamente del segundo semestre del año pasado me hablaron para una audición. La directora de casting -Laura Trejo- me explicó cómo era el personaje y me mandó las líneas que tenía que aprenderme, mismas que ensayé durante el fin de semana que fui a ver el documental En el hoyo, de Juan Carlos Rulfo. Lo recuerdo bien porque aquello está muy ligado en mi memoria a todos los demás increíbles recuerdos de Hasta el viento tiene miedo.

Llegó el día del casting y me vestí como colegiala, pues fue lo que me recomendó Laura para hacer la audición. Arribé a un edificio azul que reconocí de inmediato, pues es donde se encuentran las oficinas de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas, la cual visito frecuentemente desde que me gané el Ariel por Temporada de patos, pues al ser ganadora, la Academia te hace el honor de ser jurado durante tres años.

Cuando entré a la oficinas de Hasta el viento tiene miedo saludé calurosamente a Laura, pues la conozco desde hace varios años y había pasado tiempo antes de volverla a ver. Me pasó a un cuarto donde había una persona sentada con una mirada indiscutiblemente dulce; al segundo siguiente descubriría que era el director de la película. Me presenté y me pidió que empezara con el casting. Lo hice.

Antes de irme el director le preguntó a Laura Trejo si también me había mandado las líneas de Josefina. Ella respondió que no. El director me preguntó si tenía tiempo para aprendérmelas y yo le dije que sí (aunque después tuve que disculparme con mi familia porque estaban esperándome para comer). Me platicó acerca del personaje y pensé, “este personaje está muy fregón (chingón fue la palabra exacta que pensé, para ser honesta); este es el personaje que he estado esperando desde hace mucho”.

Leí las líneas y las memoricé. Cuando ya tenía la seguridad de habérmelas aprendido dije, “ok, ahora tienes que tratar de crear un personaje lo más pronto posible, pues el director no tiene tu tiempo, niña”. Entré en pánico al pensar que la premura podría hacerme caer en el cliché al interpretar este personaje, pues regarla no era difícil. Después de un tiempo tomé una gran bocanada de aire y también una gran bocanada de cinismo, pues eran los dos únicos recursos de los cuales disponía para tener valor.


Entré de nuevo al cuarto. Antes de empezar con la escena yo miraba al director con unas ganas de decirle: “perdón, es lo único que pude resolver en 25 minutos”. No se lo dije y sólo me limité a hacer la prueba con este nuevo y absolutamente retador personaje. Al terminar, el director sonrió y entre risas me dijo: “y bien, ¿qué es lo que tienes que hacer del 20 de noviembre al veintitantos de diciembre?

Me emocioné, sensación que suelo reprimir de inmediato ya que al querer ser objetiva con mi trabajo o con la reacción que los demás tienen de él (plan extremadamente inviable cuando se trata de hacerlo con uno mismo), nunca escucho claramente las buenas noticias, o sospecho de ellas y las escudriño hasta deformarlas de maneras tan ajenas a la realidad, que hay veces que mi madre se enoja conmigo y me dice: “¡bueno! ¿¡Pero es que cuando alguien te dice algo lindo acerca de tu trabajo te vuelves sorda o es que sólo experimentas un lobotomía fulminante!?

Entonces, aquella expresión de alegría del director después del casting la juzgué de alucinación mía y regresé a mi casa. Mi mamá me preguntó que cómo me había ido y yo, como siempre que hace la misma pregunta, le respondí: “No sé, a ver qué pasa”. Como a las dos semanas me habló Laura para decirme que me había quedado en la película... Yo le pregunté que con qué personaje me había quedado, deseando con todas mis fuerzas que ella respondiera Josefina… y así lo hizo.

Recibí físicamente el guión, lo cual me resulta mucho más emocionante que recibirlo por mail. Llegué a mi casa a leerlo y cuando lo terminé dije: “me encanta, me encanta”. Y al seguir descubriendo a Josefina me decía: “¡Danny, qué maravilla! Esto es lo que habías querido hacer desde hace tanto”. La alegría me duró exactamente un lapso de cinco minutos porque volví a entrar en pánico. El personaje era realmente muy complejo y una de las cosas que lo hacían aún más era el hecho de que ella padecía de esquizofrenia.


Esa misma noche me quedé hasta las cinco de la mañana investigando acerca de la esquizofrenia. Estuve lejos de sentirme aliviada después de leer cientos de artículos acerca de este padecimiento, pues descubrí que, en sí, era absoluta y profundamente complejo. Tenía que descubrir si funcionaba que Josefina tuviera una esquizofrenia paranoide o una desorganizada, una catatónica o una no diferenciada, y en todas y cada una de ellas existen síntomas positivos y síntomas negativos. Dentro de los positivos se encontraban los síntomas en el ámbito del pensamiento como la angustia y la excitabilidad; dentro de los síntomas positivos vegetativos se encontraban el insomnio, las palpitaciones, sudores, mareos, trastornos gastrointestinales, trastornos respiratorios, entre otros; y en los síntomas positivos de la motricidad se encontraban el comportamiento agresivo y/o agitado, inquietud corporal, movimientos extraños y absurdos, conducta repetitiva.

No conforme con eso, Josefina cree ser acosada por un fantasma, tiene conductas físicas autodestructivas, un sentimiento de culpabilidad gigantesco por algo que ha pasado un año antes de cuando se desarrolla la historia y una autoestima nula…

No paraba de pensar en Josefina, día y noche, todo el tiempo. Me preguntaba: ¿cómo camina Josefina? ¿Cómo mira, cómo siente, cómo habla?


Tampoco podía dejar de preguntarme qué era lo que había llevado al alma y la mente de Josefina a llegar a todos estos indeseables límites. En ese momento sabía que necesitaba una biografía del personaje. Se la pedí al director y me la dio de inmediato. La leí y me pareció una biografía precisa y muy interesante. Al tener otro elemento más para construir a Josefina me sentí relativamente aliviada pues sabía que aún faltaba un largo camino por recorrer…

(CONTINUARÁ MAÑANA)

lunes, 27 de agosto de 2007

VERÓNICA LANGER ES... BERNARDA ALQUICIRA


Aunque originaria de Argentina, Verónica Langer es, a estas alturas, más mexicana que el mole. Dueña de una intensa y larga carrera que ha abarcado teatro, cine y televisión, Verónica estuvo a punto de trabajar alguna vez con el mismísimo Carlos Enrique Taboada. Y aunque aquel “coqueteo” nunca se concretó, el destino quiso que la actriz terminara reencarnando a uno de los personajes más icónicos de este extraordinario guionista y director en la nueva versión de Hasta el viento tiene miedo. Estamos hablando, por supuesto, de Bernarda, la antagonista de Claudia y jefa suprema de la Casa Alquicira; rol que en la versión original recayó en la también argentina Marga López.


Ganadora del Ariel a la mejor actriz de cuadro por su papel como la mamá de Miroslava, en la película de 1993 del mismo nombre, a Verónica la recordamos por películas tan destacadas como Novia que te vea, La orilla de la tierra, Todo el poder, Y tu mamá también, El crimen del padre Amaro, y por supuesto, la famosa telenovela Mirada de Mujer. Recientemente participó en Niñas mal y El Búfalo de la Noche; y bueno, después de Hasta el viento tiene miedo, se prepara a estrenar a principios del próximo año la comedia El viaje de la Nonna, de Sebastián Silva.

Queda con ustedes la primerísima actriz Verónica Langer…


¿Qué puedes contarnos de tu personaje?

Bernarda Alquicira es una profesional preparada y brillante que -en teoría, al menos- quiere ayudar a sus pacientes a salir adelante. Sin embargo, comete una serie de errores, en los cuales ella misma queda atrapada y que la obligan a mentir. Esta mentira es la que descompone todo. Una institución fundada en la mentira lleva en sí misma su condena. Bernarda quiere subsanar estos errores con un falso autoritarismo que, a la vez, la va aislando cada vez más. Sus carencias afectivas la llevan a cometer, incluso, actos imperdonables.


¿Hubo alguna escena en particular que te hizo aceptar la película o que consideraste un reto?

Me gustaron las escenas en las que Bernarda ejerce sus dotes de terapeuta; ahí es un tanto diabólica, pero a la vez convincente y segura, parece dueña de sí misma y de la situación. También me encantó hacer las escenas de terror. Lo más difícil es a veces lo más atractivo, así que no las separaría necesariamente. Fue endiabladamente difícil hacer la secuencia final en la que se desatan todos los problemas que tienen Lucía y Bernarda. Fue difícil porque la hicimos en la madrugada, con un frío de los mil demonios y en muy poco tiempo. Y bueno, claro, la escena en sí era difícil. Pero hubo también una gran intensidad emotiva y eso se agradece. Escenas de fantasmas, puertas que se abren y se cierran, viento y lluvia son también difíciles, ¡pero inusuales en nuestro cine y muy emocionantes!


¿Crees que la película va más allá de ser una simple historia de miedo?

Creo que Hasta el viento tiene miedo aborda una amplia gama de temas. Entre otros, la soledad. Y el terror como reflejo de la propia locura. Bernarda se sabe sola irremediablemente. Ha perdido a sus afectos, pero no es capaz de construir otros. Esta incapacidad de amar es lo que la lleva a la locura. Aquí también se juega con la ambigüedad. ¿Dónde empieza la locura? ¿Dónde termina lo sobrenatural? O viceversa.


¿Cómo fue tu relación con el resto del reparto y el director?

¿Mis compañeras? Maravillosas todas y cada una de ellas. No hay nada mejor en la vida que conversar acerca de la actuación, el cine y la vida con un grupo de compañeras en la madrugada y darte cuenta que, finalmente, nuestra fantástica profesión nos unifica más allá de las barreras generacionales y las vueltas de la vida. Se hacen unas relaciones perdurables y profundas en un camper en plena madrugada. Las quiero. Creo que todas pusimos el corazón en la película. Eso por un lado, porque en el aspecto laboral también me encontré con actrices comprometidas que construyeron sus personajes con pasión y verdad… En cuanto a Gustavo, es un gran director, y ¡muy joven! Sabía lo que quería y en cada minuto del rodaje luchó por hacer su película, por construir el universo que había soñado. Y eso me parece que habla de su inteligencia y de su valentía. También sabe acercarse a las actrices con respeto y generosidad. Es un hombre muy sensible. Yo fui a hacer el casting sin tener idea de la película, sin conocer a Gustavo. Jamás pensé que me fuera a quedar. Cuando me avisaron que me había escogido, di un salto. Todo un reto. Gracias, Gustavo.


¿Ya viste la versión original? ¿Qué opinas de ésta?

Sí, ya la vi y lo que podría decir es que el público va a encontrar otra película en la nuestra. Es muy diferente. Podría decir que esta versión está inspirada en la anterior, pero nada más. Creo que los personajes y las situaciones profundizan en cosas que la otra sólo insinuaba. No es ni mejor, ni peor, sólo diferente. Hay que ver esta nueva versión porque no cualquiera hace una película de terror en este país... ¡donde sólo las águilas se atreven!

jueves, 16 de agosto de 2007

VERÓNICA FALCÓN ES VICTORIA, LA ENIGMÁTICA ENFERMERA DE LA "CASA ALQUICIRA"

Verónica Falcón nació en la Ciudad de México el 8 de Agosto de 1966. Estudió con directores de gran prestigio como Larissa Eyromina, del Teatro de Arte de Moscú; John Peck, del American Academy of Dramatic Art; Don Richardson, director ganador de los premios Emmy y Peabody; así como con el muy reconocido director teatral norteamericano Gene Frankel. Verónica ostenta también la carrera de coreógrafa: estudió un curso de postgrado en coreografía en el prestigiado Laban Centre for Movement and Dance, en Londres.


Como actriz ha trabajado en cine, teatro y televisión. Intervino en El callejón de los milagros, de Jorge Fons, y ha participado en varios cortometrajes. Como coreógrafa ha colaborado para la Compañía Nacional de Ópera de México, en Bellas Artes, bajo la dirección de Benjamín Cann y de Hernán del Riego, en las puestas Wozzeck y La Italiana en Alger, respectivamente.

En la televisión mexicana, Verónica es conocida por su capacidad de coreógrafa, pues durante mas de una década ha colaborado en importantes producciones de programas musicales, especiales y telenovelas. Su más reciente participación como actriz fue en las miniseries 13 Miedos y El Pantera.

En Hasta el viento tiene miedo, la versátil y camaleónica Verónica Falcón interpreta a Victoria, la enigmática enfermera de la Casa Alquicira y de quien nos cuenta más en la siguiente entrevista:

Háblanos de tu personaje…

Victoria es una mujer extraordinariamente sola y está totalmente entregada a su trabajo como enfermera de la Casa Alquicira, pues es todo lo que tiene; es leal, es perfeccionista, no le interesa ni el amor, ni el sexo. En esta vida tan estricta, tan rutinaria, tan precisa, ella se siente segura, en control, protegida. No está cómoda con su cuerpo. Su misma asexualidad y temor a sentir no le permiten manejar su cuerpo de una manera enteramente normal o relajada. Es un testigo silente, una observadora. La Casa Alquicira es el único hogar que tiene.


¿De qué trata para ti “Hasta el viento tiene miedo”?

Más allá de la trama sobrenatural, la película trata para mi de la soledad. Porque en este grupo de mujeres tan absolutamente diferentes, todas están solas, todas necesitan de la clínica y de las demás. Es interesante ver cómo cada una enfrenta o no esta soledad, esta enorme necesidad de pertenecer. Y cómo crean una “familia” disfuncional, pero finalmente una familia.

¿Qué puedes contarnos de tu experiencia de trabajo con tus compañeras actrices?

Fue una experiencia muy enriquecedora, no sólo por trabajar con actrices profesionales y talentosas, sino por las mujeres atrás de cada una de las actrices. Todas interesantes, todas divertidas, todas generosas. Fue un placer; pocas veces en un ensamble de puras actrices se da esta química.

¿Cómo te sentiste en el set?

Muy bien porque Gustavo Moheno es un director absolutamente apasionado. Aún con la presión de ser una ópera prima y de la realización de la misma en las condiciones de tiempos, presupuesto, etcétera, jamás se detuvo pasara lo que pasara; tomó cada problema, cada instante, cada contratiempo y terminó su película con todo y contra lo que viniera. En todo el rodaje jamás perdió el foco, no dejó de rodar, no paro contra nada y pagó el precio de su entrega. Eso a mi me pareció admirable y me inspiró. Siempre me hizo sentir contenida como actriz, escuchada, respetada. Siempre con una sonrisa, con un espacio para las preguntas, para las propuestas. Gustavo me otorgó un espacio seguro para realizar mi propuesta de personaje, me permitió, me estimuló a llevar a mi personaje a donde creí que tenía que ir, por arriesgado que fuera. Riesgo que lo tomó conmigo y me acompañó. Fue un placer trabajar con Gustavo y lo volvería a repetir sin dudarlo un segundo.


¿Viste la película original? ¿Qué puedes decir que encontraremos en esta nueva versión?

Es otra visión, 40 años después, con problemáticas actuales, de mujeres y jóvenes actuales. Es una película donde hay mucho más de lo que aparentemente creemos ver. El terror, aquí, toma muchas formas.

Breve biografía de Victoria Salazar
Por Verónica Falcón

A los tres años y medio de edad Victoria fue rescatada de su madre y su padrastro por el departamento de servicios sociales del Ministerio Público. Esto fue gracias a la notificación de la jefa de enfermeras de la clínica 11 del Seguro Social, quien después de dar de alta a la niña por quinta vez, dio aviso a las autoridades.


La madre de Victoria perdió la patria potestad de la niña y aliviada de que alguien le quitara la responsabilidad de encima, jamás la volvió a buscar. La niña terminó en una casa hogar de las Carmelitas Descalzas, en Coyoacán, y fue entonces que comenzó a vivir.

A los seis años, la niña por fin se atrevió a hablar. Hasta entonces, las monjas la habían creído sordomuda. Victoria creció siendo una niña introvertida y sumamente tímida; sin embargo, su gran inteligencia e inquebrantable fuerza de voluntad siempre fueron evidentes. Trabajaba incansablemente para ser la mejor alumna del orfanato: era absolutamente perfeccionista y precisa en todo lo que hacía. A veces, incluso, parecía un poco como si no existiese. Poco a poco, en la niña se fueron manifestando diversas fobias y obsesiones; su único apoyo para controlarlas era el de la hermana María, la enfermera del convento, quien se apiadaba de la solitaria niña.

Victoria sonreía poco, nunca reía y jamás hizo amigas de su edad. La única amistad que formó durante todos sus años en el convento fue precisamente con la hermana María, quien estaba encargada de la enfermería. Sus fobias y problemas de salud la llevaban constantemente con la enfermera, quien poco a poco supo cómo penetrar la coraza de la niña formando con ella una especie de amistad.

La madre superiora también sentía un afecto especial por la niña y llegado el tiempo fue ella precisamente quien la apoyó para conseguir una beca en la Escuela Nacional de Enfermería. La niña, quien ahora ya era una adolescente, siempre quiso ser enfermera, como la hermana María. Su gran ambición era graduarse y regresar al convento a asistirla. No conocía otro hogar y no quería conocerlo. Para Victoria su vida comenzaba y terminaba en el convento.

Victoria jamás se enamoró, era básicamente asexual; no tenía interés alguno en el sexo o en cualquier relación interpersonal a excepción de su amistad con la hermana María y su admiración por la madre superiora. Le incomodaba sobremanera cualquier tipo de contacto físico.


El único placer sensorial que tenía era el baño, pues era obsesivamente limpia. Si podía, se llegaba a bañar hasta tres veces por día. Como una de sus mayores fobias tenía que ver con el pelo, se rasuraba todo el vello de su cuerpo, a excepción de la cabeza. De hecho, su único artificio era la decoloración de sus cejas, las cuales no se animaba a rasurar pese a que tampoco las quería ver. Jamás usaba maquillaje o perfume y sólo vestía su desgastado uniforme día tras día.

Victoria era de una inexpresividad y falta de emotividad absolutas, pero podía deshacerse en llanto o inmovilizarse por minutos si encontraba un solo pelo en la pared del baño. Le costaba trabajo moverse como las demás personas, era un poco torpe y descoordinada con su cuerpo ya que hasta antes del convento llegó a pasar hasta doce horas amarrada en su cuna mientras su madre y su padrastro salían.

Victoria logró su ambición, se graduó con honores de la Escuela Nacional de Enfermería y regresó tal y como lo había planeado al convento. Cinco años después, la hermana María murió y Victoria se volvió a sumir en un impenetrable silencio por casi tres años.

La alumnas la llamaban “la muda loca”. Victoria pasaba sus días en la enfermería y sus madrugadas en los viveros donde corría obsesivamente, primero para tratar de controlar su movimiento, pues su falta de coordinación era un constante recordatorio de su vida anterior al convento, y después porque sentía una especie de placer al hacerlo.


Eventualmente, el convento fue cerrado y las monjas enviadas a diferentes lugares. Una vez más, gracias a la madre superiora, Victoria encontró una nueva vida: la monja le consiguió hogar y trabajo con un astrólogo que vivía solo en una casona del campo. Victoria cuidó por años al anciano con su dedicación acostumbrada y aunque al principio la enfermera se resistió al cambio, poco a poco encontró un silencioso y nuevo hogar.

Al morir, el anciano donó su mansión a una clínica para adolescentes perturbadas dirigida por la psiquiatra Bernarda Alquicira, hija de un viejo amigo. La única condición que el anciano impuso para la donación fue que emplearan a Victoria y le dieran techo y alimento.

Victoria, agradecida con el anciano, trabajó aún con más dedicación para su nueva jefa. Al principio se sentía incómoda e intimidada por la especialista, pero poco a poco se acostumbró a ella y comenzó a admirarla. Al pasar el tiempo, Victoria encontró en la clínica lo más parecido a una familia. Adela, la cocinera que trajo Bernarda, y su parienta, Sara, se convirtieron un poco en la “familia” de Victoria; con ellas se sentía segura y en paz. A Sara, la muda, Victoria le tenía un especial afecto pues se identificaba con su silencio.


Victoria siguió siendo casi monástica en sus costumbres y espartana en sus hábitos: era parca en todo. Parca con sus palabras, con sus afectos, con su arreglo, con sus posesiones, con su alimentación. No entendía ni el lujo, ni las risas, ni el exceso, ni las lágrimas. Para ella, las pacientes de la doctora eran seres incomprensibles: niñas ricas mimadas y autodestructivas. Sin embargo, muy en el fondo, sentía una gran empatía por la soledad de cada una de ellas. Las internas respetaban a Victoria por instinto, por temor. No sabían cómo leerla. Su perfección y obsesiva dedicación las atemorizaban. Se mantenían a distancia pues no sabían qué esperar de ella.

Más tarde, cuando Victoria conoció a la doctora Lucía Franyutti, quien se convertiría en el brazo derecho de Bernarda, sintió una abierta admiración por ella y ésta gravitaba inconscientemente hacia la ginecóloga y experta en nutrición cada que le era posible. Lucía era todo lo que Victoria jamás sería. La doctora Franyutti era como un rayo de optimismo en la Casa Alquicira, querida por las internas y respetada por la jefa, la psiquiatra Bernarda.

Victoria pocas veces sonreía y cuando lo hacía era generalmente gracias a Lucía.

En la Casa Alquicira, Victoria se convirtió en un testigo sabio, leal y silente de los ires y venires del lugar. Una mujer dispuesta a guardar los secretos con su vida, pues si algo se llegara a alterar era su propia vida la que estaría en juego ya que no tenía otro hogar y tampoco deseaba tenerlo. Su lealtad era absoluta. Su hogar, su trabajo y su mundo eran la misma cosa y por tanto inalterables.

A lo largo de lo años, Victoria ha guardado silencio. Victoria ha visto, ha sabido, se ha enterado. Victoria ha condonado lo que sea para no alterar el estatus quo o su forma de vida.

En el mundo de Victoria, tan vacío, tan lleno de soledad, sólo los gritos de las pacientes hacen ruido... pero ella seguirá en silencio el tiempo que sea necesario...

miércoles, 15 de agosto de 2007

POSTALES CALIFORNIANAS DE LIZ VALDEZ

Tres de las actrices de Hasta el viento tiene miedo -Martha Higareda, Valeria Ciangherotti, Elizabeth Valdez- están viviendo estos días en Estados Unidos. Hoy, Liz Valdez, nuestra querida Ivette, nos cuenta cómo le está yendo por aquellos lares y nos regala las siguientes imágenes:


HOLA...
En marzo pasado tomé la decisión de irme a Los Ángeles para estudiar inglés. “¿Por qué a Los Ángeles si ahí todos hablan español?”, me decían todos: mis amigos, mi familia. Pero para mí era tan claro que sólo respondía: “es algo estratégico”. Y desde la primera vez que contesté de esta manera dio resultado: ¡todos cambiaban de tema! Así que el 6 de mayo de 2007, con todo preparado, llegué a Los Ángeles.

Las primeras palabras que escuché llegando al que sería “mi nuevo hogar” fueron “¡no shoes, no shoes!”. Eso me dijo la dueña de la casa de dormitorios, una coreana muy seria que sólo sabía algunas palabras en inglés y nos obligaba a poner los zapatos en la entrada de la casa. Días después conocí a mis “roommates”: dos japoneses, dos taiwaneses y, bueno… una bola de coreanos.


Luego entré a la escuela de inglés. El 80% de los estudiantes eran japoneses, 18% asiáticos y el 2% restante éramos latinos. Por un momento sentí una enorme tranquilidad de saber que practicaría el inglés con gente que tendría “una clara y excelente pronunciación” (¡!) ¡Esos asiáticos, ja, ja! ¡Me costó tanto poder entenderles! Para nombrar "Hollywood" decían "jarriot" y al principio pensé que se referían al famoso hotel. También me causaba mucha risa cómo pronunciaban mi nombre: siempre me decían “Lisabes”. En fin, los adoré, ¿qué más puedo decir?


¡Aprendí tanto de la diferencia de culturas! Lo primero es que los asiáticos mueven su manita de la misma forma para decir “hola” y “adiós”... ¿Y yo cómo iba a saber la diferencia?... Luego, cuando saludé de beso a mis compañeritas asiáticas, de inmediato se echaron para atrás temerosas de que les iba a hacer algo. Claro, no faltó el coreano que se quiso aprovechar de la costumbre latina del “beso y abrazo” y al rato ya sólo me buscaba para, según esto, "despedirse", ja, ja, ja.

Por cierto, he quedado impresionada con los lugares que he visitado: San Diego, Santa Bárbara, Venice beach, Santa Mónica, Malibú, Disneylandia, los Estudios Universal, Magic Mountain, Yosemite Park, entre otros.



De las cosas mágicas que me pasaron durante la segunda semana de mi estancia en Estados Unidos fue que un muy buen amigo me invitó a una fiesta y ahí conocí a un mánager. Le di mi demo para que viera lo que he hecho en cine y, bueno, para no hacer el cuento más largo, él es ahora quien me representa.

Ya terminé al fin mi curso de inglés y me mudé a otro lugar donde estoy muy contenta compartiendo piso con una francesa y una mexicana. Y, bueno, estoy en proceso de obtener mi visa de trabajo. ¿Cómo la ven?

Todo esto no significa que no los extrañe. Pero nos veremos muy pronto, promocionando "Hasta el viento tiene miedo".

¡Les mando saludos y besos desde Los Ángeles!

Elizabeth Valdez

viernes, 10 de agosto de 2007

MARTHA HIGAREDA ES CLAUDIA


Con una impresionante carrera forjada en apenas unos cuantos años, Martha Higareda es hoy por hoy la actriz más popular del cine mexicano. Su cinta de romance al estilo ‘Romeo y Julieta’, Amar te duele (2002), de Fernando Sariñana, no sólo se convirtió en un éxito de taquilla, sino que la llevó a abanderar a la nueva generación juvenil de la pantalla grande nacional. Por esta producción obtuvo la Diosa de Plata como Actriz Revelación del Cine, además del premio MTV Movie Award Latinoamérica como Mejor Actriz y las Palmas de Oro por el Círculo Nacional de Periodistas como Mejor Actriz y Revelación de Cine.

Entre las producciones nacionales en las que Higareda ha destacado se encuentran Siete días, de Fernando Kalife; Así del precipicio, de Teresa Suárez; y Sexo, amor y otras perversiones, donde lució en el segmento a cargo de Carlos Carrera. A nivel internacional destaca su participación en La casa de los Babys, del prestigiado realizador nominado al Óscar, John Sayles; mientras que para la pantalla chica Higareda se hizo de fama con sus estelares en las telenovelas Cara o cruz, Enamórate, Gitanas y Las Juanas.

Su estreno más reciente, Niñas Mal, se convirtió en uno de los éxitos taquilleros mexicanos más importantes del 2007 (sólo por debajo de KM 31, de Rigoberto Castañeda) y ocupa el sitio número 7 del Top Ten de todos los tiempos a nivel nacional.

Recientemente, Martha fue nominada al Ariel en la categoría de Mejor Co-actuación Femenina por Fuera del cielo (2006), de Javier Patrón, premio que otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Y Martha no para: este año filmó la cinta All Inclusive, del realizador chileno Rodrigo Ortúzar, al lado de Ana Serradilla, Leonor Varela, y Valentina Vargas; amén de saltar a la meca del cine, Hollywood, donde realizó el programa piloto para televisión Skip Tracer, junto a Stephen Dorff y bajo la dirección del nominado al Óscar, Stephen Frears (Relaciones peligrosas, La Reina).

No obstante, en su debut en la pantalla grande estadounidense tuvo como sinodales a Keanu Reeves y al ganador del Óscar, Forest Whitaker (El último rey de Escocia), vía la producción The Night Watchman, dirigida por David Ayer, sobre un libreto original de James Ellroy (Los Ángeles al desnudo).

Queda con ustedes este precioso milagro tabasqueño en entrevista exclusiva para este blog…


Háblanos sobre tu personaje en 'Hasta el viento tiene miedo'…

Claudia es un personaje muy completo. Me gusta porque es muy humana, llena de defectos y cualidades; es una chava muy valiente. Me acuerdo que desde que conocí la historia me impresionaron muchas escenas; de hecho, ahora me viene a la mente una muy particular pero... Bueno, ya estaría contando la película, así que mejor ¡vayan al cine!

¿Hubo una escena en particular que te gustó rodar más que las otras?

Creo que disfruté mucho todas las escenas y no es choro. Me gustó muchísimo el ambiente que formamos todas las actrices y el equipo; hubo mucho compañerismo y eso hace que una película sea mucho más entrañable. Ahora bien, hubo escenas bastante difíciles, sobre todo las que hicimos de noche. La más complicada, sin duda, fue una escena nocturna en la que estaba haciendo muchísimo frío y, bueno, para hacerla aún más cardiaca yo tenía que estar mojada. Físicamente fue todo un reto.

¿Qué te llevas de todas las actrices con las que trabajaste?

Me encantó trabajar con TODAS; hicimos muy buena química pues nos tocaron muchas escenas juntas y de verdad que me la pasé muy, pero muy bien. Creo que en esta película conocí personas muy valiosas de las cuales me llevo gratos recuerdos y muchas enseñanzas.

¿Cómo te llevaste con Gustavo Moheno?

Con Gustavo puedes trabajar muy a gusto. Es un director que sabe escuchar y eso, como actriz, lo agradeces enormemente. Fue muy grato compartir este proyecto con él; creo que es un director muy talentoso.

¿Cómo recomendarías esta película al público en general que se acaba de enterar de su existencia?

Pues que vayan a ver Hasta el viento tiene miedo porque van a sudar, a gritar, a reír, a llorar... Es una película que los va a tener al borde de la butaca y de sus sentidos.



Lo que le contó Martha al periódico Reforma durante el rodaje...

Prueba Martha su temple con los sustos
Por Minerva Hernández
17 de diciembre de 2006

Para Martha Higareda el desafío de protagonizar la nueva versión de Hasta el Viento Tiene Miedo, su primer película de terror, ha representado una experiencia diferente que la ha hecho crecer como actriz y que le ha exigido utilizar su imaginación.




"Es la primera del género de terror que hago y es un reto muy especial porque requiere de efectos y de una actuación diferente; muchas cosas te las tienes que imaginar, tienes que usar la fantasía, no puedes usar los mismos grados de susto todo el tiempo.

"Tienes que imaginarte que te está pasando lo de la escena, o lo que pasaría si de repente tienes muchísimo miedo de saber qué hay abajo de tu cama, cosa que a todo mundo le ha pasado en la vida real; tienes que ponerte en esa situación", dice en relación a su participación dentro de la cinta que dirige Gustavo Moheno.

Además, Martha realizó un proceso de investigación y preparación con el fin de saber cómo desenvolverse en este tipo de relatos, cuyo rodaje finaliza el 23 de diciembre.

Martha interpreta a Claudia, una chica incrédula de los fenómenos paranormales que, de pronto, es poseída por un fantasma en busca de cumplir una venganza.


"Para preparar este personaje estuve viendo películas de terror y en ellas siempre hay de dos: la protagonista que todo el tiempo sabe que hay fantasmas y entonces está temerosa; y la que es totalmente escéptica aunque tú como público sabes que hay algo ahí.

"Es el caso del personaje de Claudia, es una chava escéptica pero que por todas las cosas que le van pasando, le empieza a 'caer el veinte' de que sí hay algo raro".

Y aunque considera que la gente la percibe en otro tipo de personajes, Martha se dice satisfecha por el aprendizaje y confía en ganar proyección como actriz gracias a papeles que contrastan con los que hizo en Amar te Duele y 7 Días.

Especialmente porque el cine de terror es un género, dice, con muchos seguidores en el país.

"Ahorita hay una nueva ola de cine de terror; tenemos un gran director que ha hecho películas de este tipo, Guillermo del Toro, y si las historias están bien hechas, tampoco es necesario tanto presupuesto en efectos especiales".

Primeras 2 fotos: Óscar Ponce
Maquillaje: Paola Villa
Cortesía: Talent on the Road Management