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martes, 28 de agosto de 2007

EL ENCANTO DEL MIEDO...

Si un género periodístico se presta para la sátira es, precisamente, el de la reseña fílmica. Y bueno, nunca desde Libby Gelman-Waxner, en la mundialmente famosa revista Premiere, o Hespergencia P. de Pento, en la mexicanísima Cine Premiere, había surgido una voz más irónica para tan loable oficio que la de Eva Olivar, una verdadera cerebrito de la colonia Clavería que, con su punzante y desternillante estilo, le regala hoy a este blog una muy particular “disertación” sobre el clásico de Carlos Enrique Taboada “Hasta el viento tiene miedo”… Señores editores de diarios y revistas: échenle un ojo a este joven e “impoluto” talento nacional…


EL ENCANTO DEL MIEDO
Por Eva Olivar

¿Qué por qué nos fascina ver “pelis” de terror?

Bueno, no sólo por los abrazos gratis del o la susodicho (a) que traes en la mira, sino porque el terror bien elaborado -y digo bien elaborado, porque el mal hecho causa hilaridad ya que los monstruos usan más silicón que una porno-star, y como sucede con la porno-star te das cuenta que todo es falso (siento haberles revelado esta dolorosa verdad a los pubertos en edad de florecimiento que me estén leyendo)- siempre es un reflejo de nuestra dolorosa y aterrorizante realidad (y claro, en el terror bien elaborado los fantasmas no son creados con un sistema de espejitos; sí, como los que usan para recibir al Papa, sólo que éstos están teledirigidos a una lente que refracta la luz para hacer del haz luminoso un fantasma, y por si no lo saben así es como se formó el mito de que el Papa-móvil estaba encantado).

Pero no estamos aquí para hablar de los artilugios desesperados de los “efectistas especiales”, aunque no sé por qué sospecho que así no se les llama a los de esa profesión; pero me gusta este renombramiento, les da “caché”; sólo imagínate en una plática con tus amigas:

-“Amiga” 1: ¡Pero qué gusto! ¡Ya no haremos la rifa! ¡Tienes novio, chulis!!! (sip, esta otra palabreja me la fusilé con descaro del personaje de Kitty, pues me encanta que su lacónica silabes pueda transmitir tan certeramente el veneno ofidio).
-“Amiga” 2: Dinos, ¿a qué se dedica?
-Tú: Es efectista especial en “Hasta el viento tiene miedo”.
-“Amiga” 1: ¡Wooow! (Sr. Director, siento informarle que hay otra profesión, aparte de la suya, que causa admiración extrema y emoción onanística entre las jovencitas).
-“Amiga” 2: ¡Óoorale!
-Tú: Sí, siempre me tiene con la carne de gallina, ¡y no precisamente por miedo… chulis! (dígase la primera parte del enunciado con lujuria, y el “chulis” pronúnciese en reiterativo encajoso).


Bueno, ya les di otra vocación para ser en la vida, si es que todavía no saben. Y para los que sí saben y andan tan clavados como una servidora en las “movies”, ahora hablemos del cine bien elaborado, ese que deja buen sabor de boca tras una historia hábilmente contada. Y dado que el diálogo anterior me trajo la reminiscencia dialogática de la versión del 68 de “Hasta el vientito”, pues no se diga más y entremos en materia:

¡¡¡¡¡¡Claudiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!
¡¡¡¡¡Hamtarroooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!! (perdón, chiste local).

Ahora sí, cual debe:
¡¡¡Claudiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!


Y ya que sus suculentas mentecillas de cerebros carnosos y tierna médula ósea han rememorado el grito apabullante de Andrea (me disculpo por el spoiler del nombre de la fantasma, ¿aplicará la onda spoiler también para remakes? Dudo cual Descartes, aclaradme), que como buen ente del más allá, regresa para ajustar cuentas al más acá. ¡Qué es fantasma, hombre! No puede faltar a la regla, ¡ni modo que regrese por las tortillas! Mmhhh, aunque hay quien si regresa por el pan de muerto… Mmhhh, interesante; esto nos lleva a pensar que los fantasmas regresan sólo por 3 causas principales:

1. Sed de venganza.
2. Advertir a sus seres queridos sobre algún peligro.
3. Gula.

Bueno, ¡pero ya! Que este no es el caso de Andrea, que le habla a Claudia más que empleado de telemarketing de la división de ventas de tarjetas de crédito. Andrea le habla por otras cosas que no me toca decir aquí (que igual y se las adelanto y no las saben, o se las digo y no se parecen en nada a lo que Taboada quería dar a entender, ¡para eso vean la peli!).

Pero trepándole nuevamente al metrobús del recuerdo, la linda Claudia, acendrada adolescente e impoluta jovencita (y lean bien "impoluta", que luego por estas terminaciones hay malentendidos) yace plácidamente en su lecho cuando el estentóreo grito de Andrea resuena en su cabeza, y ¡paff! la niña despierta agitada después de la pesadilla que en días posteriores será la constante durante su estancia en el colegio… ¡Ta taaaaan!!!


Pero no sólo esta escena asalta nuestras mentes; incluso, seguramente, no es recordada con la misma insistencia que el terrorífico striptease, y lo de terrorífico lo digo por el susto que les pega la fantasma voyeur (¡para que vean la mala vena que pueden tener estos entes y Taboada lo sabía!), porque… ¿Ya se habían emocionado? ¡Pues tómenla! ¡Ahí les va la muerta!

Otra de las cosas que recuerdo son aquellos besos de majujeo respetable con movimiento de cabecita ladeada y todo; sí, mis apreciables lectores, como lo han leído; no era el burdo lengüetazo y ya, era tomar a la fémina en cuestión con estilo, que se viera que -cual frase de novelucha de amor- “estaban rendidos de amor uno por el otro”. ¡Ooots! ¡No cualquier cosa, eehh!


Y no pues, para no desavenir al más puro estilo de mozuela en desgracia (y créanme, este es el caso) tenía que haber una directora desalmada. ¡Claro! Alguien tiene que hacerles la vida de cuadritos y ser tan mala, cual Mefistófeles sobretrabajado, sin derecho a seguro médico y sin comer, sino ¡qué chiste! ¡Cómo entrelaza uno la historia! Porque así Claudia se hiciera pis en su cama de pánico, ¿a poco creen que tan fácil iban a atenderla con dulzura? ¡Pues no! ¡Que ya había dicho que es un internado con directora nazi! ¡Y regímenes espartanos! ¡Que son los sesentas y no de en balde surgió tanto hippiteca rebelde!


Pero bueno, estas gráciles doncellas, estaban encerradas en el mencionado lugar, así que no se enteraron de la quema de brassieres, ni de la píldora anticonceptiva; si acaso sabrían del milagro mexicano, y eso porque fue en la década de los 50’s y porque las señoritas en cuestión no sufrían carencias económicas, pero de lo demás naaa, no sabían nada. Incluso, probablemente, habrán pasado su infancia sin conocer la magia de las convulsiones epilépticas causadas por calcomanías rasca-huele o de las 3D; por ello en su adolescencia no conocían ningún estupefaciente a pesar de ser los sesentas, que nadie se los indujo desde pequeñas, ¡por algo la generación del rasca-huele fue la del LSD!

Es por ello que en la película, sí creemos que Andrea es real (y no una visión venida de un coctél de anfetas, chochos y barbitúricos) efectivamente es un espíritu voyeurista, abre-cerraduras y paracaidista (por si no se han percatado, vive en la Torre de a grapa), que harta de habitar en semejante pulguero, y atraída por el aroma a hormona de tanta escuincla, se fue a dar el rol por el colegio (¿acaso alguien podría culparla?).


Salvo por el pequeño detalle de que ya felpó, y obviamente le hacen el feo, pues, ¿quién quiere tratar con la muerta?, ya que eso de tener un cuerpo ectoplásmico no es onda. El problema es que en vida la tal Andrea era harto sociable, y esas cosas no se quitan. Ya saben, está como perro con maña, y por eso duro y dale a hacer infomerciales en los sueños de Claudia.

¿Qué ganitas de darse a conocer?, pensarán ustedes. Imagínense si los vendedores pudieran usar el Sistema Ectoplásmico de Enjaretamiento Vía Sueño (SEEVS). Un día, gracias al SEEVS, nos descubriríamos despertando con una inenarrable necesidad de ir a comprar una faja para embarazada, un disfraz de arlequín o un huevo de avestruz. No, ¡por favor!

Pero bueno, independientemente de las mañas que emplea Andrea para metérsele a Claudia cual novio ganoso, el punto es que esta película es una joya, e indudablemente entra en el rango del cine bien elaborado que mencionaba al principio (sí, porque aunque no lo parezca, esta sarta de verborrea barata alguna vez tuvo un comienzo, aunque lo hayan olvidado).

Por lo que reiterado lo anterior: me despido.

¡Si tienen lavadora, ahí lavemos!

¡Adieu!

jueves, 23 de agosto de 2007

¡CLAAAUDIA!

Gracias a nuestro amigos de Top Magazzine por esta nota aparecida el pasado domingo en tan especial suplemento.





Haz click en la foto para leer la nota.


La foto original.


Alicia Bonet en Hasta el viento tiene miedo (1968), de Carlos Enrique Taboada


Alicia Bonet con Martha Higareda en Hasta el viento tiene miedo (2007).