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martes, 25 de septiembre de 2007

CARLOS ENRIQUE TABODA: LOS ALTIBAJOS DEL MIEDO (SEGUNDA PARTE)


Por Iván Farías Carrillo
(Revista Cinefagia,Marzo 26, 2004)
(Segunda y última parte)

Además de lo extraño del título para ese entonces, Hasta el viento tiene miedo se revela como un trabajo maduro, sólo deficiente en algunas actuaciones y en la producción. Esta película toma el lugar cerrado de un internado para señoritas y desarrolla una intrigante y sólida historia de miedo. Debido a que la directora del internado atrapa a una estudiante asomándose a un campanario al cual está prohibido el acceso, la estudiante y sus amigas son castigadas con pasarse las vacaciones dentro del internado. Empero, poco a poco se darán cuenta que la directora y la escuela misma guardan un secreto macabro.

Taboada echa mano de la oscuridad, del sugerir sobre el mostrar para provocar sobresaltos. Demuestra una capacidad innata para contar historias de miedo con apenas unos cuantos recursos: un paneo en la oscuridad, el sonido del viento en los campos abiertos, las ventanas azotándose y la penumbra de la escuela.


La actuación de Marga López como la malvada Bernarda, la directora del colegio, hace un contraste perfecto con las frágiles alumnas. Taboada se las arregla para evitar los diálogos cargados y las referencias anticlericales, aunque de facto, la cinta es abiertamente atea. Curiosamente acepta la existencia de entidades paranormales, porque hay una posesión por parte de un espíritu y con esto acepta la vida más allá de la muerte.

Por momentos, la cinta parece convertirse en uno de esos trabajos donde al final se revela que no hay nada sobrenatural y que todos los acontecimientos son perfectamente explicables, pero no sucede así. Taboada decide arriesgarlo todo y, pensando bien cada escena, nos da una cátedra sobre el cine fantástico hecho en México.

Y es que, como afirma Emilio García Riera: “se apreció en su momento el intento en Taboada de crear una atmósfera ominosa sin el auxilio de la truculencia barata." Claro, todo esto en su monumental Historia Documental del Cine Mexicano.


Y es que en nuestro país el cine fantástico siempre ha sido denostado, con justa razón, porque hay contadas películas nacionales que se salvan de la quema. Son pocos, muy pocos los realizadores que en esta época en particular del cine nacional -los sesentas- entienden las posibilidades poéticas de los subgéneros, llámense terror, policíaco o ciencia ficción. Por lo regular este tipo de cine siempre es la mezcla de lucha libre con argumentos absurdos o surrealistas y un presupuesto paupérrimo. Nadie lo toma en serio y los cómicos hacen las delicias del gran público ridiculizando la fantasía.

Taboada se lo toma en serio y realiza esta cinta que logra poner un poco de empeño en el trabajo de otros realizadores. Ni Marga López creía en su momento en Hasta el Viento tiene Miedo: “Nunca creí que esta película fuera a tener éxito y sin embargo gustó mucho; todavía a mucha gente le sigue gustando, les sigue provocando miedo, les sigue asustando”, según una entrevista concedida a Eduardo De la Vega Alfaro.


En el año olímpico, 1968, Taboada logra dirigir otra cinta de miedo, dividida en segmentos: La trinchera. Unos revolucionarios se dedican a contarse historias mientras esperan en una trinchera la llegada de los refuerzos. La anécdota, al estilo El Decamerón, se adapta muy bien al descontrolado tiempo revolucionario. Taboada vuelve a mostrar que seguramente en su infancia oía cientos de historias y leyendas, de esas que cada vez circulan menos de boca en boca. Historias que se daban en los pueblos y que eran recordadas cuando se iba la luz o no había televisión para evitar hablar entre nosotros. La trinchera se revela como una buena película de terror.


Al siguiente año dirige la que para muchos es su mejor película, El Libro de Piedra (1969). Marga López vuelve a confiar en Taboada, al igual que Joaquín Cordero. El Libro... cuenta la historia de una extraña relación entre una niña y un niño fantasma que vive atrapado en una estatua de piedra. Taboada logra recrear esa atmósfera, al parecer inocua, pero que con el transcurrir de la historia y de los giros propios de la trama se vuelve insoportable por la tensión que va creando. Recurriendo expresamente a mitos que podríamos llamar mexicanos y modernos, nos cuenta algo que podríamos haber oído en alguna tranquila noche de terror, amén de que la vuelta de tuerca al final es memorable.


Y, es cierto, la cinta tiene una clara referencia a The Turn of the Screw, de Henry James, pero la historia es bien asimilada y sirve únicamente como influencia. Además, Marga López demuestra que puede tomar cualquier papel y darle nueva vida, no así el resto del reparto que va de lo bueno a lo aceptable. Así mismo, la producción demuestra su falta de presupuesto en algunos casos y de planeación en otros. Pero a la gente poco le importa eso, así que de inmediato se volvió una cinta de culto. Es un evento importante cada vez que la retransmiten en la TV, aunque no con la frecuencia que uno quisiera.


La crítica recibe bien El libro de piedra y hasta elogia una vez más la capacidad de Taboada de asustar con muy pocos elementos; la atmósfera que logra de incertidumbre y misterio la hacen una cinta universal.

Para ese momento, Taboada podría haberse visto librado del infracine, pero vuelve al destajo cinematográfico. Dirige algunas cintas más o menos buenas y escribe guiones pésimos para el Santo (Santo en Anónimo Mortal) y para Blue Demon (Blue Demon en la Mafia Amarilla). Es hasta 1975 que filmaría otra de sus cintas minimalista de miedo: Más Negro que la Noche.


Este filme retoma el aire claustrofóbico, las relaciones de amistad entre las mujeres y el recurso de sugerir en vez de mostrar de su pasada obra, Hasta el Viento Tiene Miedo. De nueva cuenta el mal proviene de algo cotidiano y por lo mismo cercano; en este caso un gato negro. Con guiños a cuentistas clásicos de terror (el más visible, Poe) y de nueva cuenta a las leyendas urbanas, conserva esa solidez de su anteriores trabajos.

Para ese momento, Taboada ya era un director de culto en Estados Unidos y Europa, por lo que tuvo corrida comercial en aquellos lugares. Blacker Than The Night, fue bien aceptada pero ni eso le valió para poder dedicarse expresamente a esta vertiente del terror. También podía ser que no quería. Los años posteriores escribe algunos guiones para seguir viviendo y después dirige La Guerra Santa (1977), una cinta bastante aceptable sobre la guerra cristera que se dio principalmente en el bajío mexicano.


Es hasta 1984 que dirige su última obra, que se ha convertido rápidamente en un hito subterráneo: Veneno para las Hadas (1984), llamada en Estados Unidos y el resto del mundo Poison For The Fairies. En esta cinta, Taboada ya es dueño de todos sus recursos y sabe qué resortes apretar para conseguir la tensión necesaria.


Taboada cuenta con mucha inteligencia la historia de una niña mala leche que está convencida de ser bruja y que por lo mismo desea acabar con su némesis natural, las hadas. La pequeña -en ese entonces- Ana Patricia Rojo, nos enamora con su inteligencia, con sus conjeturas, con su odio pensado y repensado contra las demás niñas bobas de su clase. Además, Taboada decide quitarse de tapujos y muestra una sensualidad siempre sugerida en sus otros trabajos, pero que en ésta, su última cinta, decide explotar al máximo. Y la Rojo se presta al juego, enseñando cándidamente parte de su blanca piel y su sonrisa coqueta.


En esta película, Taboada confirma sus obsesiones, su gusto por las leyendas, por las historias de aparecidos, por la crueldad que se esconde detrás de cada ser humano por muy cuerdo que se vea. Una vez más, los citadinos son enfrentados con el campo, con el ambiente rural y vuelven a salir muy mal parados. La provincia para Taboada es el lugar que no respeta leyes, más que las mágicas, porque lejos del asfalto, las limpias, los brujos y los espectros cobran una existencia muy real. El campo es el detonante para que la pequeña bruja decida eliminar con veneno y fuego a la aburrida hada de su amiga.

Veneno para las Hadas, al igual que sus otras cintas recibe muy mal distribución y es casi imposible verla en las televisoras. Sin embargo, ésta, su obra póstuma sería la que mejor conjugaría su estilo neogótico dicen unos, minimalista digo yo. Y si bien es cierto que Taboada intercambia los castillos por viejas casas coloniales y los fantasmas con cadenas por otros más modernos, no creo que haya sido esa su intención.


Es curioso, pero la obra de Hideo Nakata tiene paralelismos muy interesantes con la obra de Taboada. Es decir, Nakata también logra crear miedo sin la necesidad de sangre salpicando por todos lados. Además de que la presencia de los fantasmas es aceptada de una manera natural. Uno nunca duda de que eso pueda pasar. Pero las relaciones humanas son más importantes que los "sustos". La niña de El Libro de Piedra, Mariana, también tiene severos problemas de adaptación causados por la muerte de su madre, como los tiene Numiko, en Dark Water. Además, la relación entre los personajes principales en Ringu es tan extraña como la relación que tienen los padres de Fabiola en Veneno para las Hadas.

Taboada todavía escribiría algunas cintas más antes de morir del corazón. En televisión escribiría, dirigiría y produciría algunos capítulos de la serie de culto La Telaraña (1986-1988), que se transmitía en horario estelar por el canal de las estrellas. La Telaraña no era propiamente de terror, sino de melodramas perfectamente bien realizados que muchas veces rayaban en otros géneros, como el policíaco, el suspenso y hasta el miedo. La Telaraña marcó una buena época dentro de la televisión mexicana al lado de esa otra serie de culto: Hora Marcada.

Carlos Enrique Taboada falleció el 15 de abril de 1995. Tenía 65 años.

lunes, 24 de septiembre de 2007

CARLOS ENRIQUE TABOADA: LOS ALTIBAJOS DEL MIEDO (PRIMERA PARTE)

Todos los involucrados en esta película estamos aquí por él. Sin embargo, es muy poco lo que se conoce del maestro. El siguiente reportaje publicado originalmente en la revista electrónica Cinefagia, es, probablemente, uno de los retratos más completos que se hayan hecho sobre Carlos Enrique Taboada... que lo disfruten.


Carlos Enrique Taboada: Los altibajos del miedo (I de II partes)

Por Iván Farías Carrillo (Revista Cinefagia, Marzo 26, 2004)

Hablar de Carlos Enrique Taboada es hacer una verdadera labor de investigación para encontrarnos con que casi no hay nada sobre él. Sólo algunas referencias en la web de los fans de su tetralogía de horror -por llamarla de alguna forma-, las diatribas despiadadas de los críticos vernáculos, las alabanzas de los extranjeros y las biografías sintéticas en libros especializados. Pero con todo eso podemos hacer un mapa de quién era este extraño director, aunque debemos advertir que no será más que una somera aproximación.

De un lado tenemos al hombre de cine que desde niño pisa el plató y tiene para sí todo un mundo de fantasía. Nacido el 10 de julio de 1929, en la Ciudad de México, siendo hijo de actores (Julio Taboada y Aurora Walker, quienes nunca destacaron), se dedica desde un inicio a la escritura de guiones. En esto fue muy, pero muy prolífico. Comienza en la naciente televisión, realizando adaptaciones y guiones para todo tipo de programas. Se calcula que en 1965 había hecho más de un millar de obras para la pantalla chica, actividad que no dejaría de realizar hasta su muerte. Porque, extrañamente, vivía una relación de amor-odio con el cine. Relación que lo llevaría abandonar en varias ocasiones el oficio cinematográfico.

Su primer guión para la pantalla grande es Kid Tabaco (1954), una historia plagada de pretensiones sobre el medio boxístico, que le fue pedida ex profeso para el cine. Mientras Taboada hacía una historia con referencias "intelectualoides" a los mitos del pugilismo, entre ellos el Kid Azteca, el realizador asignado no lograba sacar ningún provecho de la historia. A varios años de distancia, podría parecer que el mayor error de esta cinta no fue el trabajo de Carlos Enrique, sino del realizador de maquila. Taboada se siente tan mal por esa película que abandona el cine por cinco años. Es tanto su coraje con el director que despotrica contra la cinta en alguna revista de moda: "Cambió los personajes, a los secundarios los hizo protagonistas… No fue capaz de entender la esencia de la historia."

Y es que por otro lado Taboada era un ser con pretensiones, con ínfulas de artista revolucionario y con una cultura amplia que le ayudaría en contadas ocasiones, como se verá en su posterior filmografía. Este mal empiezo lo perseguiría toda su vida porque sus argumentos siempre serían dirigidos por pésimos directores.


Hay que aclarar que en ese tiempo se vivía la caída estrepitosa del cine nacional debido, principalmente, a que nunca se consolidó una industria de calidad que pudiera hacer frente a la competencia que vendría inmediatamente después de la guerra. Así que acabando dicho conflicto internacional y regresando el poder del motor económico, las cinematografías norteamericanas y europeas volvieron por sus fueros. Taboada se encontró de improviso con cineastas que en realidad eran maquiladores. Casas productoras que no apostaban por la calidad, sino por hacer "productos vendibles", echando mano de los ganchos mercadológicos que fueran: co-producciones, importando cómicos, directores o actores, todo con argumentos pueriles que, supuestamente, iban a interesar al público. Taboada tiene que acoplarse a ese medio rápidamente por lo que decide trabajar en los seriales, tan de moda en ese entonces, retomados como una forma de volver a interesar a la audiencia.

Esto lo lleva a realizar una serie de cintas sobre un personaje mítico de nuestro país, Chucho El Roto (1959). En la primera entrega, Chucho El Roto es atrapado y va contando su azarosa vida, empezando por los hechos más recientes hasta llegar a sus orígenes . Desde esos primeros trabajos ya se veía que Taboada tenía una vena fantástica inacabable y un conocimiento de la mitología de nuestro país. A pesar de que eran sólo sus historias, la trama marcaba ya muy bien sus pasiones.


Debido al éxito de este serial le es ofrecido otro, ahora dedicado expresamente al terror (en este caso al humor involuntario con sus dosis vampíricas y seudogóticas). La Maldición de Nostradamus (1960-1962) es el serial más absurdo, naif y divertido que se ha dado en nuestro país. Con actores caídos en desgracia (por ejemplo, el por siempre encasillado Germán Robles, el perdedor perpetuo Julio Alemán y un anciano Domingo Soler), Taboada supo mezclar diferentes personajes clásicos con leyendas y mitos de nuestro país y del mundo, dándose rienda suelta para hacer y deshacer, logrando una divertida historia que raya en lo surreal.

Haciendo una mancuerna perfecta con su coguionista Alfredo Ruanova, la cinta narra la historia del hijo de Nostradamus (sic) que muy enojado va a reclamar a la Sociedad de Investigaciones Paranormales (sic) que reivindiquen el nombre de su padre. Como no le hacen caso, se convierte en un vampiro (caray, de verdad) y cobra venganza contra todos; inclusive contra Domingo Soler, quien interpreta a un tal Profesor Durán de franco humor involuntario.

De alguna manera, Taboada se entiende muy bien con Alfredo Ruanova y juntos hacen los guiones y adaptaciones de infinidad de cintas. Desde temas rancheros (Los Inocentes, con Julio Alemán, donde intentan darle un giro a este tema recurrente en el cine nacional) hasta los que siempre le llamaron más la atención, los de terror.

Junto con Ruanova escribe Orlak, el Infierno de Frankenstein (1960), verdadera obra de culto y donde vuelven a hacer su mezcla indigesta de literatura gótica, brujería, alta tecnología (por decirlo de algún modo) y ateísmo. Porque, entre otras cosas, Taboada era anticlerical y ateo. Un asesino llamado Jaime (Joaquín Cordero), se encuentra en la cárcel a principios del siglo XX con el mismísimo doctor Frankenstein: un Andrés Soler frío que sabía en lo que se metía.


Jaime escapa y ayudado por los consejos del doctor, hace un monstruo con armazón de metal y carne humana. La bestia recibe el nombre de Orlak, porque según los personajes "significa invencible para los dálmatas antiguos". La película deriva en una serie de asesinatos y persecuciones que plagian en mucho al Moderno Prometeo, de Shelley. Sin embargo, en la cinta, a pesar de sus desatinos, de las pésimas actuaciones y de los lugares comunes (el fuego fascina y mata a los monstruos cinematográficos) se percibe ese aire de cientificismo ateo que impregnó a los posteriores personajes de Taboada, además del juego de que la bestia tuviera el rostro de su creador.


Después, Ruanova y Taboada escribirían juntos El Espejo de la Bruja (1960), donde se plasmaría su gusto por el esoterismo y las historias truculentas ambientadas en el pasado. El inicio es de antología, pues con aguafuertes de Goya moviéndose de fondo se hace una breve introducción a la brujería.

Luego, Taboada concebiría otros seriales y adaptaciones, a veces haciendo equipo con la familia De Anda vía El Charro Negro en chafísimas aventuras, mismas que de vez en cuando retransmiten en las diferentes televisoras. Y también llevaría a la pantalla grande una historieta de dudosa calidad, Almagrande, con una canción horrible como tema principal.

Para ese momento, Taboada ya era un negro cinematográfico hecho y derecho, un argumentista seguro que vivía a destajo de su trabajo, además de ser una parte importante de los Estudios América, donde se desempeñaba como Jefe del Departamento Literario. Al mismo tiempo, acorde a su parte de “artista sensible”, dirige en 1964 una obra de teatro, Después de Nada, que pasa sin pena ni gloria. Porque Taboada, como dije anteriormente, nunca quitó el dedo del renglón de hacer obras “serias” e “intelectualizadas”.


Por eso, cuando llega el Primer Concurso de Cine Experimental decide entrar y probar suerte. En 1965 produce, escribe y dirige El Juicio de Arcadio, misma que podríamos considerar su primera película de autor. Es de todos conocido que este concurso tuvo en competencia a varios directores que a la postre serían piedra angular del cine de años posteriores.

Carlos Enrique Taboada acaba feliz con su película. Dice de ella en una entrevista para El Gallo Ilustrado del periódico El Día, que es la “película que quería hacer…” “…mi película es atea, sin concesiones, anticinematográfica, antipatriótica, antirreligiosa, antimilitarista, es discursiva y existencialista”.

Con todo, la crítica la trató con la punta del pie. El maestro Jorge Ayala Blanco, con su peculiar estilo, la vapuleó con singular alegría: “No se trata propiamente de un filme sino de una colección de discursos... Imposible tomar en serio tal acumulación de mala literatura simbólica y lugares comunes sobre el ateísmo, antintelectualismo, antimilitarismo y freudismo, producto de alguna superficial lectura de verdaderas obras literarias… y como es de suponerse, el director… ahogado por la demagogia imprecatoria de su summa de la sabiduría humanística, ha olvidado por completo los aspectos formales del filme. Tanto por la desorbitada expresión física de los ojos pelones y cuerpo abatido por la duda que exige a sus actores como por las torpezas de encuadre e iluminación efectista.” Y así por más párrafos. José de la Colina, más conciso, dijo entre otras cosas, que “la técnica de Taboada podría definirse como el daguerrotipo parlante.

Pero Taboada, lejos de abandonar la dirección o el oficio cinematográfico por las terribles críticas, sigue escribiendo guiones, ya muy alejado del terror. De hecho, realiza el argumento de algunas comedias anodinas y pueriles que van a caer a directores de la misma calaña que las historias... Pero entonces sucede algo, con seguridad un golpe en la cabeza (trato de explicarme lo tremendo del cambio), que lo hace escribir y dirigir una excelente película en 1967 titulada: Hasta el Viento Tiene Miedo...


Continuará mañana...

jueves, 20 de septiembre de 2007

PRESSBOOK: INTRODUCCIÓN

La promoción de Hasta el viento tiene miedo incluye la elaboración de un grueso Pressbook o Dossier de Prensa que incluye muchos de los materiales que hemos publicado en este blog. A continuación les presentamos la introducción de este "cuadernillo".


UN CLÁSICO LLAMADO HASTA EL VIENTO TIENE MIEDO

Desde su estreno en 1968, Hasta el viento tiene miedo, de Carlos Enrique Taboada, se volvió un clásico inmediato del cine de horror nacional.

La producción, filmada en Coyoacán con un argumento del propio Taboada (El libro de piedra, Más negro que la noche), cuenta la historia de Claudia (Alicia Bonet), alumna de un internado para señoritas regido por la estricta, malencarada e intransigente directora Bernarda (Marga López).


La historia, plasmada con toques de cine gótico, detona cuando Claudia y sus compañeras -Kitty (Norma Lazareno), Ivette (Renata Seydel), Verónica (Lourdes Baledón) y Josefina (Elizabeth Dupeyrón)-, fisgonean en una torre prohibida erigida en el jardín, la cual encierra la trágica historia de Andrea (Pamela Susan Hall), una interna que se suicidó colgándose de una viga tras la negativa de Bernarda de poder abandonar la escuela cuando quería ver a su madre enferma.


La única aliada que las internas poseen es la maestra Lucía (Maricruz Olivier), quien trata de suavizarles el castigo impuesto por Bernarda de no salir en vacaciones y quedarse encerradas a tomar clases extra. Pronto, el miedo abraza las aulas y dormitorios, pues el fantasma de Andrea comienza a manifestarse reclamando su venganza contra Bernarda.

El desenlace se da en la mejor tradición de los cuentos de horror clásicos.


TRADICIÓN DEL DÍA DE MUERTOS

Escasos son los filmes gestados fuera de la Época de Oro del Cine Mexicano que alcanzan el estatus de culto como Hasta el viento tiene miedo (1968), de Carlos Enrique Taboada. Gracias a la televisión y sus repeticiones constantes cada día de muertos desde mediados de la década de los 70, esta cinta de horror se ha vuelto obligatoria en los días de Halloween, amén de ser referencia para toda una generación que recuerda más de una de sus emblemáticas escenas.

Pocos han olvidado la voz del fantasma de Andrea llamando a la protagonista de la cinta: "¡Claaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaudia!"; o a Alicia Bonet gritando desde su cama mientras sueña con la rubia espectro colgada de una viga.

Igualmente, nadie olvida la sensual escena de Norma Lazareno haciendo un streap-tease frente a sus amigas, mientras una de ellas toca el piano. Cuando llega el momento de desprenderse del baby doll, la silueta del fantasma de Andrea aparece detrás de un vidrio cubierto por la lluvia, ocasionando el grito de horror y el desvanecimiento de la guapa joven.


También ocupa ya un lugar dentro de las imágenes icónicas del cine mexicano, cuando en pleno clímax de la cinta, Andrea se acerca con la soga en sus manos, ofreciéndosela a Bernarda para que se suicide.

Todas estas escenas son transportadas a la nueva versión de Hasta el viento tiene miedo (2007), de Gustavo Moheno, sumándose, además, una nueva colección de momentos de suspenso que llevarán al espectador moderno a revivir o experimentar por primera vez esta historia clásica de fantasmas con algunos giros inesperados.


HASTA EL VIENTO TIENE MIEDO (2007). ¿POR QUÉ UN REMAKE?

David Lynch dice que la originalidad del cine radica en "su enorme capacidad para manejar abstracciones". Las películas de horror son -¿quién lo duda?- las máximas abstracciones: lienzos perfectos para experimentar con el lenguaje fílmico y jugar con la suspensión de la credulidad del espectador. En el horror todo se puede, todo se vale; tan anárquica peculiaridad es la que ha fascinado a audiencias de todas las eras. Que se diga que es un género menor resulta absurdo: desde los inicios mismos del cine, el horror ha sido fuente inagotable de escape y alegorías sobre temas que los filmes supuestamente "serios" rara vez tocan.

Hasta el viento tiene miedo desarrolla una trama clásica de horror, identificada con temas específicos de este género como lo son los sueños perturbadores, el amor desesperado e imperecedero y la romantización melancólica de la muerte; todo visto bajo una óptica moderna, enfocada en los dramáticos casos de adolescentes aquejadas por desórdenes alimenticios o tendencias suicidas.


Y si bien el cine mexicano es internacionalmente reconocido por su fidelidad al melodrama y el retrato agudo de las distintas problemáticas sociales que vive el país, la realidad es que también ha contado, a lo largo de su historia, con una sutil pero muy destacada corriente fantástica que ha vuelto legendarios nombres como los de Carlos Enrique Taboada (El libro de piedra), Fernando Méndez (El vampiro), Juan López Moctezuma (Alucarda: la hija de las tinieblas) o Guillermo Del Toro (Cronos), entre tantos otros directores, productores y guionistas que le han apostado al género del horror -sin duda, uno de los más populares del mundo- desde la muy particular perspectiva de la idiosincrasia nacional.

Hasta el viento tiene miedo se inscribe de lleno dentro de esta gran tradición. Se trata del remake de una de las películas que más culto han generado en la historia de la cinematografía nacional: una reelaboración o reimaginación de la que, para muchos, es la cinta mexicana de terror más famosa de todos los tiempos.

El nuevo guión lleva la trama original de Carlos Enrique Taboada Walker -estrenada el 30 de mayo de 1968- hasta territorios que el propio guionista y director no pudo explorar debido a las múltiples limitantes sociales de su época. Historia que ha sido reinventada por jóvenes y destacados escritores como Alfonso Suárez Romero (Puños rosas, 2005, de Beto Gómez, Videocine/Dejarme Disfrutar Films/Plural Entertainment), Ángel Pulido Alonso (Bajo la sal, 2007, de Mario Muñoz, Warner/Imaginaria/Fidecine), en colaboración con Mario P. Székely y Gustavo Moheno.


El escenario de la cinta original -un internado de señoritas- ha sido transformado en la Casa Alquicira, un centro de apoyo para adolescentes con problemas de bulimia y drogadicción; lugar que tiempo atrás enfrentó el suicidio de una de sus más inquietantes internas: Andrea Ferrán. Asentado en una elegante casona alejada de la Ciudad de México, el centro es regido por la psiquiatra Bernarda Alquicira, y su brazo derecho: la doctora Lucía Franyutti. Tras un frustrado intento de suicido, Claudia Villegas, una adolescente con tremendos problemas emocionales, arriba a la casa en calidad de paciente y, súbitamente, el fantasma de Andrea empieza a manifestarse enrareciendo por completo la atmósfera del lugar.

La trama respeta, en buena medida, muchos de los personajes y situaciones de la película original, pero reinventa algunas de las escenas más clásicas, amén de presentar un nuevo final que la aleja por completo del argumento de Taboada. Y es que como dice Guillermo Del Toro: "adaptar equivale a casarse con una viuda. Se debe respetar la memoria del difunto, pero no por ello dejar de disfrutar la luna de miel".


Se conjuntó un gran equipo para poner en pantalla la nueva versión de Hasta el viento tiene miedo. El reparto es encabezado por Martha Higareda (Amar te duele, Niñas mal), en el rol de Claudia. Con una impresionante carrera forjada en apenas unos cuantos años, Martha es hoy por hoy una de las actrices más respetadas y populares del cine mexicano.

Verónica Langer (El búfalo de la noche, El viaje de la Nonna), ganadora del Ariel como Mejor Actriz de Cuadro por la cinta Miroslava (1993), de Alejandro Pelayo, encarna a la psiquiatra Bernarda Alquicira. En el rol de su brazo derecho, la doctora Lucía Franyutti, se encuentra la reconocida y multifacética actriz, originaria de Connecticut, Estados Unidos, Mónica Dionne (Sexo, pudor y lágrimas, De ángeles, flores y fuentes); mientras que Danny Perea, la joven ganadora del Ariel como Mejor Actriz por Temporada de patos (2004), de Fernando Eimbcke, interpreta a Josefina, una de las internas más enigmáticas de la Casa Alquicira.


Completan el reparto destacadas actrices jóvenes como Mafer Malo (Efectos secundarios, la teleserie Rebelde), Elizabeth Valdez (La última noche, Cero y van cuatro), y Magali Boysselle (Párpados azules, la teleserie Los Sánchez). De igual manera, la película marca el debut de Valeria Ciangherotti, Cassandra Ciangherotti y Verónica Falcón, con roles claves dentro de la historia; acompañadas por Guadalupe Noel y Cecilia Constantino. Destacan, también, las participaciones especiales de Fernando Luján y Alicia Bonet. Esta última, por cierto, interpretó el rol de Claudia en la versión original de Hasta el viento tiene miedo.

Detrás de cámaras, el equipo resulta no menos ecléctico. Aunque se trata de su ópera prima, el director Gustavo Moheno (Ciudad de México, 1973), cuenta con una notable experiencia fílmica. Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica, donde realizó sus primeros ejercicios escolares. En el año 2001 produjo, escribió y co-dirigió el mediometraje El camino de las ceibas (La Ceiba Films/Background Productions), protagonizado por Damián Delgado, Gerardo Taracena, Soledad Ruiz y Claudine Sosa, el cual fue presentado en múltiples festivales, tanto nacionales como internacionales. Y en 2003, realizó y fotografió el documental Por un puñado de rosas (Videocine/Dejarme Disfrutar Films), en torno al azaroso rodaje fronterizo de Puños rosas, de Beto Gómez.

La dirección de fotografía corrió a cargo de Arturo de la Rosa (La otra conquista, Elisa antes del fin del mundo, Goitia:un dios para sí mismo), sin duda uno de los profesionales más talentosos y respetados del medio; la música original es del talentoso compositor graduado del Trinity College of Music, de Londres, Eduardo Gamboa (La niña en la piedra, Conejo en la luna, El cometa, Hasta morir); mientras que la edición recayó en el también reconocido Óscar Figueroa Jara (El crimen del padre Amaro, El tigre de Santa Julia, Dos crímenes).


Si aceptamos que las imágenes cinematográficas están plagadas de fantasmas que nos visitan cada vez que las visionamos, cabría decir que Hasta el viento tiene miedo puede ser, en su estado más elevado, una reflexión sobre el cine mismo y la forma en la que el espectador es llevado, literalmente, hasta una suerte de sueño espectral cada vez que se apagan las luces.

La senda del terror que produce lo invisible se ha abandonado en los últimos años en aras de la espectacularidad, pero este filme busca demostrar que los recursos plenamente cinematográficos continúan funcionando para contar buenas historias: en este caso, un pequeño cuento sobrenatural perfilado hace 40 años por Carlos Enrique Taboada, que acaba siendo testigo de un drama de grandes dimensiones psicológicas sobre el más primario de nuestros miedos.

martes, 28 de agosto de 2007

EL ENCANTO DEL MIEDO...

Si un género periodístico se presta para la sátira es, precisamente, el de la reseña fílmica. Y bueno, nunca desde Libby Gelman-Waxner, en la mundialmente famosa revista Premiere, o Hespergencia P. de Pento, en la mexicanísima Cine Premiere, había surgido una voz más irónica para tan loable oficio que la de Eva Olivar, una verdadera cerebrito de la colonia Clavería que, con su punzante y desternillante estilo, le regala hoy a este blog una muy particular “disertación” sobre el clásico de Carlos Enrique Taboada “Hasta el viento tiene miedo”… Señores editores de diarios y revistas: échenle un ojo a este joven e “impoluto” talento nacional…


EL ENCANTO DEL MIEDO
Por Eva Olivar

¿Qué por qué nos fascina ver “pelis” de terror?

Bueno, no sólo por los abrazos gratis del o la susodicho (a) que traes en la mira, sino porque el terror bien elaborado -y digo bien elaborado, porque el mal hecho causa hilaridad ya que los monstruos usan más silicón que una porno-star, y como sucede con la porno-star te das cuenta que todo es falso (siento haberles revelado esta dolorosa verdad a los pubertos en edad de florecimiento que me estén leyendo)- siempre es un reflejo de nuestra dolorosa y aterrorizante realidad (y claro, en el terror bien elaborado los fantasmas no son creados con un sistema de espejitos; sí, como los que usan para recibir al Papa, sólo que éstos están teledirigidos a una lente que refracta la luz para hacer del haz luminoso un fantasma, y por si no lo saben así es como se formó el mito de que el Papa-móvil estaba encantado).

Pero no estamos aquí para hablar de los artilugios desesperados de los “efectistas especiales”, aunque no sé por qué sospecho que así no se les llama a los de esa profesión; pero me gusta este renombramiento, les da “caché”; sólo imagínate en una plática con tus amigas:

-“Amiga” 1: ¡Pero qué gusto! ¡Ya no haremos la rifa! ¡Tienes novio, chulis!!! (sip, esta otra palabreja me la fusilé con descaro del personaje de Kitty, pues me encanta que su lacónica silabes pueda transmitir tan certeramente el veneno ofidio).
-“Amiga” 2: Dinos, ¿a qué se dedica?
-Tú: Es efectista especial en “Hasta el viento tiene miedo”.
-“Amiga” 1: ¡Wooow! (Sr. Director, siento informarle que hay otra profesión, aparte de la suya, que causa admiración extrema y emoción onanística entre las jovencitas).
-“Amiga” 2: ¡Óoorale!
-Tú: Sí, siempre me tiene con la carne de gallina, ¡y no precisamente por miedo… chulis! (dígase la primera parte del enunciado con lujuria, y el “chulis” pronúnciese en reiterativo encajoso).


Bueno, ya les di otra vocación para ser en la vida, si es que todavía no saben. Y para los que sí saben y andan tan clavados como una servidora en las “movies”, ahora hablemos del cine bien elaborado, ese que deja buen sabor de boca tras una historia hábilmente contada. Y dado que el diálogo anterior me trajo la reminiscencia dialogática de la versión del 68 de “Hasta el vientito”, pues no se diga más y entremos en materia:

¡¡¡¡¡¡Claudiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!
¡¡¡¡¡Hamtarroooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!! (perdón, chiste local).

Ahora sí, cual debe:
¡¡¡Claudiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!


Y ya que sus suculentas mentecillas de cerebros carnosos y tierna médula ósea han rememorado el grito apabullante de Andrea (me disculpo por el spoiler del nombre de la fantasma, ¿aplicará la onda spoiler también para remakes? Dudo cual Descartes, aclaradme), que como buen ente del más allá, regresa para ajustar cuentas al más acá. ¡Qué es fantasma, hombre! No puede faltar a la regla, ¡ni modo que regrese por las tortillas! Mmhhh, aunque hay quien si regresa por el pan de muerto… Mmhhh, interesante; esto nos lleva a pensar que los fantasmas regresan sólo por 3 causas principales:

1. Sed de venganza.
2. Advertir a sus seres queridos sobre algún peligro.
3. Gula.

Bueno, ¡pero ya! Que este no es el caso de Andrea, que le habla a Claudia más que empleado de telemarketing de la división de ventas de tarjetas de crédito. Andrea le habla por otras cosas que no me toca decir aquí (que igual y se las adelanto y no las saben, o se las digo y no se parecen en nada a lo que Taboada quería dar a entender, ¡para eso vean la peli!).

Pero trepándole nuevamente al metrobús del recuerdo, la linda Claudia, acendrada adolescente e impoluta jovencita (y lean bien "impoluta", que luego por estas terminaciones hay malentendidos) yace plácidamente en su lecho cuando el estentóreo grito de Andrea resuena en su cabeza, y ¡paff! la niña despierta agitada después de la pesadilla que en días posteriores será la constante durante su estancia en el colegio… ¡Ta taaaaan!!!


Pero no sólo esta escena asalta nuestras mentes; incluso, seguramente, no es recordada con la misma insistencia que el terrorífico striptease, y lo de terrorífico lo digo por el susto que les pega la fantasma voyeur (¡para que vean la mala vena que pueden tener estos entes y Taboada lo sabía!), porque… ¿Ya se habían emocionado? ¡Pues tómenla! ¡Ahí les va la muerta!

Otra de las cosas que recuerdo son aquellos besos de majujeo respetable con movimiento de cabecita ladeada y todo; sí, mis apreciables lectores, como lo han leído; no era el burdo lengüetazo y ya, era tomar a la fémina en cuestión con estilo, que se viera que -cual frase de novelucha de amor- “estaban rendidos de amor uno por el otro”. ¡Ooots! ¡No cualquier cosa, eehh!


Y no pues, para no desavenir al más puro estilo de mozuela en desgracia (y créanme, este es el caso) tenía que haber una directora desalmada. ¡Claro! Alguien tiene que hacerles la vida de cuadritos y ser tan mala, cual Mefistófeles sobretrabajado, sin derecho a seguro médico y sin comer, sino ¡qué chiste! ¡Cómo entrelaza uno la historia! Porque así Claudia se hiciera pis en su cama de pánico, ¿a poco creen que tan fácil iban a atenderla con dulzura? ¡Pues no! ¡Que ya había dicho que es un internado con directora nazi! ¡Y regímenes espartanos! ¡Que son los sesentas y no de en balde surgió tanto hippiteca rebelde!


Pero bueno, estas gráciles doncellas, estaban encerradas en el mencionado lugar, así que no se enteraron de la quema de brassieres, ni de la píldora anticonceptiva; si acaso sabrían del milagro mexicano, y eso porque fue en la década de los 50’s y porque las señoritas en cuestión no sufrían carencias económicas, pero de lo demás naaa, no sabían nada. Incluso, probablemente, habrán pasado su infancia sin conocer la magia de las convulsiones epilépticas causadas por calcomanías rasca-huele o de las 3D; por ello en su adolescencia no conocían ningún estupefaciente a pesar de ser los sesentas, que nadie se los indujo desde pequeñas, ¡por algo la generación del rasca-huele fue la del LSD!

Es por ello que en la película, sí creemos que Andrea es real (y no una visión venida de un coctél de anfetas, chochos y barbitúricos) efectivamente es un espíritu voyeurista, abre-cerraduras y paracaidista (por si no se han percatado, vive en la Torre de a grapa), que harta de habitar en semejante pulguero, y atraída por el aroma a hormona de tanta escuincla, se fue a dar el rol por el colegio (¿acaso alguien podría culparla?).


Salvo por el pequeño detalle de que ya felpó, y obviamente le hacen el feo, pues, ¿quién quiere tratar con la muerta?, ya que eso de tener un cuerpo ectoplásmico no es onda. El problema es que en vida la tal Andrea era harto sociable, y esas cosas no se quitan. Ya saben, está como perro con maña, y por eso duro y dale a hacer infomerciales en los sueños de Claudia.

¿Qué ganitas de darse a conocer?, pensarán ustedes. Imagínense si los vendedores pudieran usar el Sistema Ectoplásmico de Enjaretamiento Vía Sueño (SEEVS). Un día, gracias al SEEVS, nos descubriríamos despertando con una inenarrable necesidad de ir a comprar una faja para embarazada, un disfraz de arlequín o un huevo de avestruz. No, ¡por favor!

Pero bueno, independientemente de las mañas que emplea Andrea para metérsele a Claudia cual novio ganoso, el punto es que esta película es una joya, e indudablemente entra en el rango del cine bien elaborado que mencionaba al principio (sí, porque aunque no lo parezca, esta sarta de verborrea barata alguna vez tuvo un comienzo, aunque lo hayan olvidado).

Por lo que reiterado lo anterior: me despido.

¡Si tienen lavadora, ahí lavemos!

¡Adieu!

jueves, 23 de agosto de 2007

¡CLAAAUDIA!

Gracias a nuestro amigos de Top Magazzine por esta nota aparecida el pasado domingo en tan especial suplemento.





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La foto original.


Alicia Bonet en Hasta el viento tiene miedo (1968), de Carlos Enrique Taboada


Alicia Bonet con Martha Higareda en Hasta el viento tiene miedo (2007).