Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Gamboa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Gamboa. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de agosto de 2007

EL SONIDO DE LA MÚSICA...

Grabando la música de Hasta el viento tiene miedo:





Eduardo Gamboa dirige las grabaciones con músicos en los Estudios Sony BMG, en Naucalpan, Edo. de México. En estas fotos aparece con las secciones de metales y de cuerdas de la Mexfilm Orchestra, agrupación fundada y dirigida por el propio Gamboa desde principios de los 90's para grabar su música de cine.


Víctor Flores, contrabajista principal de la Mexfilm Orchestra. El mejor contrabajista del país.


Serguei Gorbenko, concertino de la Mexfilm Orchestra.


La pianista Yleana Bautista.


La virtuosa Gabriela Jiménez, timpani de la Mexfilm Orchestra. Gaby es una verdadera institución en la interpretación y enseñanza de la percusión sinfónica en México.


Acompañan a Humberto Terán (de playera blanca), el más prestigiado ingeniero de grabación y sonorización de música de concierto y ópera de México: Míntel Alonso, segundo ingeniero (de piochita), Juan Carlos Ertze, operador de ProTools, copista y bibliotecario de la Mexfilm Orchestra (extremo derecho), y el asistente de grabación Hugo Villanueva (extremo izquierdo).


El ensamble de metales de la Mexfilm Orchestra.


Otro virtuoso: David Ball, originario de Chicago, grabando las partes de contrafagot; instrumento muy presente en el "Tema de Josefina".


Grabando efectos de percusión con Armando López “Chancla”, un percusionista versátil y entusiasta.


Edgar Berríos, afinador y técnico de pianos de enorme prestigio.


Eduardo Gamboa, Gustavo Moheno y hasta el guionista Ángel Pulido (por ahí, en la esquina derecha), con el ensamble vocal 'Viva Voz', dirigido por Alfredo Elías López.


Mercedes Gómez, grabando las partes de arpa en los Estudios Rompe!, de la Ciudad de México.


El Ing. Eliseo Fernández Bolland, mezclando la música de la película en la Sala THX de los Estudios Churubusco.

viernes, 3 de agosto de 2007

EDUARDO GAMBOA, COMPOSITOR (II)


(Segunda y última parte)

Háblanos sobre la música que compusiste para "Hasta el viento tiene miedo"...

Aunque lo había hecho antes en forma muy discreta, esta es la primera vez que utilizo realmente –y creo haberle sacado el debido jugo- el famoso leit motiv, herramienta que el cine hereda de la ópera, sobre todo Wagneriana, y que -sin entrar en tecnicismos- consiste en componer y asignar diferentes temas a diferentes personajes o a distintas situaciones o incluso a estados de ánimo. A veces se asignan también instrumentos. El ejemplo musical que mejor ilustra esto es quizá, por lo accesible en su comprensión para el gran público, Pedro y el lobo, de Musorgsky.

Pero yo hice muchos temas, y luego los presenté de maneras diversas, con muchas variantes armónicas, rítmicas y de instrumentación, lo que me permitió –lo creo sinceramente- evitar que la música pudiera sentirse reiterativa. Ya el público juzgará.

Otro aspecto que me parece un acierto de la película –y que cuidamos también en la música- es la importancia que se da a la complejidad interna de los personajes, los contrastes y la manera en que interactúan entre ellos, lo que enriquece indiscutiblemente la historia, que de otra manera tendría el riesgo de quedarse en el regodeo de los aspectos sobrenaturales y sus correspondientes sustos. Creo que la música aporta la debida tensión, pero nunca manipula al espectador, como en las películas chafas del género.

¿De qué tema o parte musical de "Hasta el viento tiene miedo" te sientes más satisfecho?

Me gustan muchos, la verdad, pero es previsible que el público recuerde con más facilidad –y esa era precisamente la intención- el motivo melódico con que inicia el tema de Andrea y que en cierta medida comparte Claudia. Le tengo especial cariño, por su simpleza quizá, y su aire de ostinato, al tema de amor de “las amantes” (el público que vea la película sabrá a qué música –y a cuáles amantes- me refiero).


Los ordenadores y los samplers predominan cada vez más en la música de hoy día. ¿Cómo crees que evolucionará la música de cine en este siglo?

No sé. Tal vez se utilicen cada vez más las diversas –e infinitas- corrientes de la música electrónica (por cierto, la primera que me encantó en ese rollo fue ¡Corre Lola, corre! Pero cuando digo en ese rollo me refiero a que la música de toda la película se mantiene dentro de ese concepto. Porque ejemplos de música electrónica ha habido desde hace muchas décadas. No olvidemos las maravillosas versiones electrónicas de música de Bach en 2001, odisea del espacio). Pero no creo que dejen de emplearse en el cine –ni en la música de concierto- partituras orquestales, como no creo tampoco que los instrumentos tradicionales dejen nunca de existir.

Lo padre de esta época que estamos viviendo es que todo se vale. El eclecticismo es rey. La globalización nos pone al alcance del oído todas las músicas del planeta. Pero, como siempre, seguirán escribiéndose músicas buenas y músicas malas, no importa de qué género, estilo, época, región geográfica, etcétera. El chiste es componer música buena. Recetas no existen. Ya el tiempo dirá quién lo logra y quién se queda en el intento.

¿Qué puedes contarnos acerca de tus futuros proyectos?


Pues mi siguiente película ¡es otra de sustos! Se llama El libro de piedra… También está por estrenarse mi Concierto para flauta y orquesta y pronto iniciaré la composición de uno para violín, mientras sigo trabajando en otras obras de cámara que me han comisionado, una de ellas para la Camerata Mazatlán.

Y espero, claro, mi gran oportunidad en el cine: la de componer la música de una película de amplia difusión mundial. Memo del Toro y Guillermo Arriaga conocen –y les gusta- mi trabajo. ¡Ojalá se animen a invitarme!

Lo más cerca que he estado de ese escaparate mundial fue con la música incidental que compuse para The legend of Zorrro, la secuela hollywoodense con Antonio Banderas y Catherine Zeta-Jones.


PREMIOS Y DISTINCIONES DE EDUARDO GAMBOA:


-Premio Ariel a la mejor música de cine, otrogado en 2004 por la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, por la música de fondo de la película Zurdo, de Carlos Salces.
-Premio Mayahuel a la mejor música de cine, otorgado en 2002 por el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, por la música de fondo de la película Ciudades oscuras, de Fernando Sariñana
-Nominaciones al Ariel y a la Diosa de Plata a la mejor música de cine exhibido durante 2004, por la música de fondo de la película Conejo en la luna, de Jorge Ramírez Suárez.
-Nominación a la Diosa de Plata a la mejor música de cine exhibido durante 2003, por la música de fondo de la película Zurdo, de Carlos Salces.
-Nominación al Ariel a la mejor música de cine exhibido durante 1998, por la música de fondo de la película El cometa, de Maryse Sistach.
-Nominación al Ariel a la mejor música de cine exhibido durante 1995, por la música de fondo de la película Sucesos distantes, de Guita Schyfter.


Eduardo Gamboa con el ingeniero Humberto Terán, el mejor y más prestigiado ingeniero de grabación y sonorización de música de concierto y ópera de México, con quien Gamboa ha grabado toda su música, tanto de cine como de concierto.

jueves, 2 de agosto de 2007

EDUARDO GAMBOA, COMPOSITOR (I)


Foto: Martirene Alcántara-G
(Primera de dos partes)

Graduado como guitarrista en el Trinity College of Music de Londres, Eduardo Gamboa se dedica enteramente a la composición desde 1985. Su obra incluye música de concierto, tanto de cámara como sinfónica, música para teatro, cine, televisión y temas publicitarios.

En el ámbito cinematográfico ha sido compositor de la música de películas como La niña en la piedra, Manos libres, Conejo en la luna, Corazón de melón, Ciudades oscuras, Zurdo, El grito, El cometa y En medio de la nada, entre muchas otras.

Gamboa comenzó sus estudios musicales a la edad de 9 años, tomando lecciones de piano con Carlos Barajas. Poco después ingresó a La Peña de los Folkloristas, donde bajo la guía de Héctor Sánchez y José Ávila estudió los diferentes géneros de la música popular de México y Latinoamérica. Durante su infancia y adolescencia formó parte de los grupos Pilcuicatl y La Peña Móvil, con los que actuó en México y Estados Unidos.

Tras una breve temporada en la Escuela Nacional de Arte de La Habana, Cuba (1974), Gamboa prosiguió su formación musical en México, ingresando al Centro de Investigación y Estudios Musicales (CIEM). De 1982 a 1985 tomó clases particulares con los que han sido sus más importantes maestros: la guitarrista Magdalena Gimeno y el compositor Joaquín Gutiérrez Heras.

Además de compositor, Gamboa ha sido director musical y productor de numerosas grabaciones, tanto de música popular como de concierto, entre las que destacan el disco ¡Rompe!, con música de cámara contemporánea mexicana, en donde está incluida su obra Transparencias para flauta, violín, viola y violoncello. Otras producciones son Ven Acá, un CD con canciones de Agustín Lara interpretadas por Eugenia León; los dos discos editados por la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes bajo la batuta de Gordon Campbell; el CD Corazón Mexicano, de Eugenia León y Ramón Vargas, acompañados por la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México; y el CD De Bach a los Beatles, de Horacio Franco y Víctor Flores.

¿Qué es lo que te llevó a interesarte por la música de cine? ¿Cuáles son tus influencias, los compositores o bandas sonoras que te han marcado?

Desde muy niño mostré una clara vocación para la música y un gusto enorme por el cine, así que en mí fue un proceso natural que terminara componiendo música de cine. Ésto, claro, una vez que opté por la composición, porque al principio de mi formación académica quería ser guitarrista. Mi título de licenciatura, con el Trinity College of Music de Londres, dice: Licenciado en guitarra.

Pero también influyó, supongo, que me formé como compositor bajo la tutela de Joaquín Gutiérrez Heras, uno de nuestros mejores compositores, también cinéfilo y quien escribió muchas partituras cinematográficas, sobre todo en los 70’s y 80’s. De él aprendí muchísimo, por supuesto.

Ya como compositor profesional –llevo 22 años dedicado a ésto-, he seguido estudiando en forma autodidacta y muchas son las influencias que tengo.

En lo que respecta a la música para cine, mi gran favorito de todos los tiempos es Nino Rota; su música para El Padrino y muchas otras de las que compuso para películas de Fellini son de las que a uno lo marcan como compositor. También me fascina la versatilidad, el impacto de sus temas melódicos y el dominio de la orquestación de John Williams. Pero hay muchos más, cuya música me encanta, por ejemplo Mark Isham, Morricone, Philippe Sarde, la joven británica Rachel Portman, John Barry…

En el plano de la música de concierto, a la que dedico el mismo -e incluso más- tiempo que a la de cine, supongo que influyen en mí todos los grandes compositores cuyas músicas traemos todos en el inconsciente colectivo. Pero también tengo mis preferidos, los que me emocionan más, como Haendel, Mozart, Brahms, Chaikovsky, Dvórak, Ravel, Gershwin y Stravinsky.

Mi música de concierto es tonal, a veces modal, otras con tintes o recreaciones de la música popular de México y de otros países latinoamericanos, cosa que me sale de forma natural, pues desde niño también estuve muy ligado a estas músicas: estudié con Héctor Sánchez y Pepe Ávila de Los Folkloristas. De lo que sí estoy muy alejado es de las supuestas “vanguardias” y de la música de ruiditos.

¿En qué consiste el proceso de creación de una banda sonora para Eduardo Gamboa?

El proceso creativo es lo más individual e inexplicable que pueda existir. Es también lo que más disfruta un artista, sea escritor, pintor, compositor… Yo soy sumamente visceral. Jamás me planteo un esquema ni recurro a las técnicas composicionales para, cerebralmente, comenzar una pieza. Simplemente me siento al teclado y empiezo a jugar y a buscar, y cuando tengo un motivo melódico que me gusta, o cierta armonía que me atrae, o una idea rítmica interesante, trato de ahondar por ahí, y así van saliendo más ideas y voy construyendo más amplias frases o secciones. Es un proceso donde voy desechando lo que no me convence y quedándome con lo que me gusta.

Obviamente, al componer para el cine, hay que trabajar sobre la premisa de que la música debe servir y acompañar a la acción dramática, y nunca distraer o ir en contra de lo que se quiere narrar. Pero eso es como lo obvio. Nunca pienso en tales cosas cuando estoy componiendo la música de una película. Sería como si, ya sabiendo manejar un auto, cada vez que lo hiciéramos estuviéramos repasando con toda atención cada uno de los movimientos que hay que hacer para manejarlo. Eso ya lo hacemos “en automático”.

Pero lo que yo sí busco, además de que la música funcione con la imagen, es que sea una música que se sostenga por sí misma, que pueda escucharse y tenga coherencia, aunque la oigamos sin ver la película. Es padrísimo cuando logra uno que una de sus músicas cinematográficas consigue trasladarse a la sala de conciertos y ser ejecutada en versión de concierto. Tengo la fortuna de tener una suite que ya ha sido interpretada por diversas orquestas, incluso fuera de México: se trata de mi suite El Grito, con música que hice para la película del mismo nombre, dirigida por Gabriel Beristáin.


Volviendo a lo del proceso de hacer la música de una película, una vez que he acordado con el director el tipo de música que queremos, los lugares donde debe haber música y considerando los límites que impone el presupuesto, pues no siempre alcanza para grabar con una orquesta, por ejemplo, entonces me encierro a trabajar. Hasta ahora he tenido la suerte de que los cineastas con quienes he colaborado me han dado libertad total para componer y les ha encantado la música que he escrito para sus películas.

Nunca hago maquetas ni presento propuestas para que me las aprueben. Con el director me vuelvo a encontrar en la sala de conciertos o el estudio de grabación en el momento en que grabo con los músicos. Y luego compartimos también el proceso de mezcla y regrabación en una sala THX.

¿Hay un estilo específico de composición que creas que refleje mejor tu personalidad, o prefieres experimentar con diferentes soluciones musicales?

Una de las maravillas que el cine ofrece al compositor es precisamente el poder experimentar. De esta experimentación uno aprende muchísimo y luego lo expresa, si lo ha interiorizado y digerido realmente, también en la música de concierto. Y, como consecuencia de esto mismo, uno va adquiriendo el oficio de compositor, sabiendo cómo encausar sus ideas musicales, cómo desarrollarlas, cómo instrumentar y orquestar…

Mi formación musical sui géneris, con los mundos paralelos de la música formal, académica, y de la música popular, me han permitido ser muy versátil y encargarme en muchos casos, no sólo de la música de fondo de la película, sino también de las músicas incidentales que van sucediendo durante la historia. Por ejemplo, una secuencia donde aparece en pantalla un grupo de salsa, o un trío de boleros, o si de un supuesto tocadiscos se escucha un vals chopinesco, como en Hasta el viento tiene miedo. Aquí, el reto es lograr que el público, sin darse cuenta, crea que está escuchando un vals de Chopin, pero que poco a poco descubra que en realidad está oyendo el tema que compuse para Andrea, en estilo romántico, claro, para piano solo.

(Continuará mañana)


Eduardo Gamboa dirigiendo a la sección de cuerdas de la Mexfilms Orchestra para la música de "Hasta el viento tiene miedo".